
tocar música en un puente colgante
echar mano del agua del río
ver de frente, tranquilamente, cómo se desgaja un cerro, como somos a veces un cerro a la izquierda...
yo aquí, espectante!

simplemente lo sentimos, no podemos ubicar dónde, ni su intensidad, ni su fuente, pero lloramos sin parar esperando alguien se apiade y nos dé la cura...
Te vi hace unos días, tus ojos de venado, tu cara de muñeca. Transitabas entre los libros, mirabas algunas cosas, te reíste de mi pelo desordenado. Te burlaste a tu manera de mi cansancio. Pero dejaste un hueco iluminado cuando hablé de mi oficio. Con esa tu voz clara me regalaste la posibilidad abierta de compartir historias de chamacos... ya vendrán, con suerte, algunos días de sapos, besos, pulgas, lunas, sueños...
Asqueroso y repleto de viscocidad. El chico Guayaba en Dulce de postre me sorprendió junto a la risa de un duende de niebla.
Estuve seguro durante largos segundos.
No debí tomar ese libro. Tenía 20 minutos libres en el centro de X. pude haber buscado un café y leer los que llevaba, pero no. Tomé el libro cuando vi el nombre de Quentin Blake. Lo tomé porque creí que era de fácil lectura, algo como para ver si luego lo usaba con los chicos.

Al principio no se deja, lo permite a medias. Juegan.
Al final de la clase, generalmente, los chicos toman los libros. A veces jugamos algo sencillo, otras no despegan sus miradas de los libros, aisalados en pequeños grupos, uno lee y los demás interactúan y juegan con el narrador. Esta ocasión fue diferente, me preguntaron si opodia pararme de cabeza, de manos, caminar y un simple sí bastó para que comenzara el juego. Al igual que las acrobacias, los libros te mueven la cabeza, te dejan ir sin protecciones al posible suelo o la grandilocuencia de un "lo conseguí" y a abrir el siguiente libro.
Mientras el Variedades 2 se especializó, al igual que el Cine Radio, en "cine erótico". Sin embargo, dentro del Variedades 2, oculto bajo el 1, cuyo acceso necesitaba de bajar casi una centena de escalones, ocurría algo sin precedentes en Ciudad X. se creaba la primera comunidad gay de la pequeña ciudad de montaña.
Cuando los monstruos salen de sus reservaciones y llenan las calles sucias de la Ciudad del Sol, parece que un espíritu nuevo renacerá... Los transeuntes se detienen sonrientes, dejan a un lado el sudor de los 35 grados a la sombra para mirar al Fariseo que danza, encapuchado. Sin embargo, sólo es el extrañamiento ante el fenómeno de cada año, ningún interés ni acercamiento real.
Los habitantes de la Ciudad del Sol no sonríen, con sus rostros casi pétreos enpolvados de desierto, dejan una moneda y siguen su camino. Los Yaquis, esa representación del Otro, del Monstruo, no son los habitantes de la Ciudad del Sol, aunque su otrora río les perteneciera.

cholutlecas para tener uno de sus campus, centros de estudios vinculados directamente a la ultra derecha del catolicismo.
Un barco de papel.
El ídolo fue bapuleado por Tarzan Boy, permitió que le tundiera de principio a fin de los 12 minutos que duró "la lucha". Dejó que lo golpera, le razgara la máscara, le sangrara la frente, dejó que el rudo lo hiciera pedazos para que la porra ruda se deleitara y el público vertiera toda su compasión sobre el héroe.
Como una alfombra azul casi morada, como un camino resbaloso de peligros, como un cohete lanzado a la órbita mundana de nuestros pies.
Jugar, juego, juguetes... la infancia y esta imposibilidad de volver. Quién se atreve a ver el mundo en calma de nuevo? Quién ama como nuevo, nuevamente? Llenos de ausencias, achaques y dolores en la memoria, la tela del ser se va poblando de agujeros. Y, a veces, nos gusta jugar como adultos.
La simetría de una sonrisa, en los pixeles avidoz de curvaturas y colores, contrasta delicado con el cuadro directo de la soledad: el gran desenfado de la vecindad, del tiempo que pasa capa tras capa de cal y cemento. Ingravidez, risas, delirio y risas, cada vez más radicales, profundas. Y uno cargando la nostalgia del futuro, de los sueños de la noche anterior, inalcanzables, incabados...

Sus tatuajes no son muestra de bandalismo extremo, el juego de las uñas pintadas es eso: mero juego. Aquí, disfrutando de El Pirata Barbanegra, uno de los presos del país de nunca jamás.

cuando su olor invada mi pecho
Vimos al extraterrestre cuando fuimos al Pinacate, Fernando el guarda-desiertos (no guarda bosques, of curse), nos dijo claramente:
Un día, las pulgas hicieron su propio circo. No es precisamente que halla sido éste, el que aquí se ve, se presenta. Simplemente, una mañana en Coatepec, luego de una larga racha de silencio, de movimientos juguetones y descubrimientos el circo se abrió ante mis ojos.
Jack Johnson suena en la camioneta que nos lleva al Pinacate. El frizbee de Joseph es el único ovni que atravieza los cerritos. Eva y su caracol marino en mitad del desierto lloran su soledad mientras cavo una tumba. Lorena silente y reflexiva mira al horizonte, haciendo el balance de las máscaras. El motor de mi desierto entrelaza las manos solitarias a las otras, mientras corre un conejo hacia la salida, buscando abrir una puerta.
Me enseñaste la ternura en tu abrazo nervioso una mañana de abril. Entonces supe que ahí estabas, no más inventos raros.
En la cabeza grande y bien fomada de un siamés cabe el llanto solitario.