6/15/2008

Alfredo Marceneiro (carpintero)


Un marinero que ha decidido no sucumbir a las sirenas debe llevar consigo un instrumento para las largas noches de calma en alta mar. Antaño, por lo regular se usaban instrumentos de cuerda, hechos con sus propias manos tallando madera; con los cuales los marinos soltaban poemas vueltos canciones para que los cánticos de las sirenas se quedarán por lo bajo. Sin embargo, aquellas canciones nacían con alas de sueños, porque la distancia era excesiva y el tiempo sepultaba todo afán de recuperar lo que se había quedado en tierra. Así, si bien los marineros no sucumbían a las sirenas, inventaban un mundo de locura que no concordaba con la realidad que dejaron al partir, ni con aquello a lo que se enfrentarían a su vuelta. Fragmento del cuento ídem.


O LOUCO
Letra: Henrique Rêgo
Música: Alfredo Marceneiro



Quizes-te que eu fosse louco
P'ra que te amasse melhor
Mas amaste-me tão pouco
Que eu fiquei louco de amor

Assim arrasto a loucura
Perguntando a toda a gente
Se do amor, a tontura
Um louco tambem a sente

E se quizeres amar
Esta loucura mulher
Dá-me apenas um olhar
Que me faça endoidecer

Dá-me um olhar mesmo triste
Pois só nesta condição
Dou-te a loucura que existe
Dentro do meu coração

O lenço que me ofertaste
Tinha um coração no meio
Quando ao nosso amor faltaste
Eu fui-me ao lenço e rasgueio
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