5/03/2014

Los humanos no generamos conocimiento alguno

Imitar, imitar, de mi raza la razón es la pura imitación.

¿Cuánto tinte para ser aceptada, 
una falsa güera oxigenada?

¿Cuánta ropa sobre tu piel  para pertenecer?

Con tus jeans de mezclilla como un buen esclavo, 
de lino, lana o casimir traje de capataz vas a vestir,
con ropas ligeras muestras lo que tienes a la venta.

No pienses, no piensas, 
sólo imitas lo que ves 
andas las mismas sendas.

Llamamos cultura y educación 
a la dictadura y su imposición.

Imitar, imitar, de mi raza la razón es la pura imitación.






5/01/2014

Abril es el mes más pinche

El día del niño de este año fue sin duda el mejor de todos los que he pasado como trabajador infantil. Muchas veces lo dije en tono de queja: abril es el mes más pinche.
Porque en abril todos quieren actividades para niños, sin importar qué ni cómo pero sí cuánto. Es decir, funciones a destajo por aquí y por allá, competir contra botargas de Disney, contra payasos groseros y mal encarados, comprtir por una chamba más contra compañeros, desgastarse con decenas de funciones y terminar enfermo, cansado y molesto.
Este año no fue así. No teníamos casi nada para ese día porque subimos los costos. Nadie en Puebla nos contrató para el 30 de abril al precio que propusimos. Así que dimos al final 4 funciones, unas a precio ridículo otras a precio oferta y una que cada año hacemos.
Pero esta vez sin prisas. Sin competir contra nada ni nadie. Recién desempacados de Brasil y con mucho dominio del escenario, claros en cuanto a lo que queríamos decirle a los niños y los adultos. 
Un día lindo, en que pudimos disfrutar cada momento de la función, este año abril no tuvo nada de pinche.
La foto fue tomada en una escuela de Fortaleza, Brasil. Maravilloso recorrido con entrañables amigos y chicos geniales que nos dieron clases de ritmo.
Aún seguimos fuerte con los festejos, este fin de semana iremos a Kani Tajín a estrenar los Cantos y Cuentos de El Juglar.

4/23/2014

Decálogo de la Estupidez de la Sociedad Actual

10 cosas estúpidas de la sociedad actual


Martín Corona Alarcón

Las redes sociales se han dado a la tarea de crear decálogos de lo más “interesante”, con la fina intensión de que logres distraerte 10 o 20 minutos, metiendo en tu cabeza información absurda y sinsentido disfrazada de útil e innovadora. Desde las diez mejores marcas de autos para chocar sin fallar en la muerte inmediata, hasta los alimentos que jamás deberías consumir, pasando por los 10 pensamientos más imbéciles de un gobernante, las decisiones más estúpidas en pareja o los diez dichos que tus hijos deberán tener como mandamientos el resto de sus días.
Lo cierto es que en el mar de información absurda, falsa o simplemente desechable, no están enmarcadas aún las 10 cosas que hacen tremendamente estúpida a nuestra cultura actual. Todos hablan de globalización, cultura mainstream pero nadie se detiene a reflexionar en lo más simple, lo cotidiano, eso que marca los pasos de todos, las conductas y maneras de organizar la vida en lo personal, lo grupal y lo general.


El dinero

Sin duda el número uno de la estupidez humana actual. Este hijo de la propiedad privada es el eje de las conductas, roles y conflictos de la humanidad actual. La gente mata y se mata por el dinero, pasa la vida creando la manera de tener más porque cree que así será más feliz.
Sin embargo, cuando se tiene mucho dinero se requieren cuidados, formas y una dependencia total a ese estilo de vida. Y, finalmente, es algo estúpido porque no es real. Es decir, es una convención. Hace mucho tiempo a alguien se le ocurrió hacerle creer a todos que el oro, los papelitos, monedas o valores en el banco pueden traducirse en bienes de la vida diaria y el resto lo creímos, lo creemos y enseñamos a los chicos a creerlo.
Por eso el mundo es de quienes saben este secretito: la humanidad entera va tras un imaginario, tras un sueño absurdo. Basta que seas el dueño del símbolo de ese sueño para tener en tus manos a todo el hormiguero.


Las ciudades

Los humanos somos mamíferos, animales como cualquier otro en realidad. Sin embargo, somos capaces de creer y crear cosas, por ello creemos en absurdos tales como que se vive “mejor” en grandes concentraciones de humanos.
Las ciudades alejan a las personas del campo, de la naturaleza, del agua, de la comida, del aire. Y cuando son muy grandes gastan miles y quizá millones de horas de trabajo humano en traerles hasta sus casas en la ciudad: comodidad, cosas naturales, agua, comida e, incluso, limpieza de su aire.
Los hormigueros son formas funcionales de sociedades de insectos, pero las ciudades son un absurdo tal que decidí ponerlas en segundo lugar de este decálogo de la estupidez.

El trabajo

Nada más absurdo que “trabajar” horas y horas de tu vida en algo que no te deja un beneficio directo, sino dinero (vaya al primer absurdo) que además no te alcanza y, encima, vivir quejándote.
Si todos los que se emplean hicieran cuentas reales de lo que gastan sólo para tener un estilo de vida que les permita ser empleados, seguramente serían conscientes del porqué el trabajo está en tercer lugar.
Nota: el trabajo aquí es tomado como empleo, no nos referimos al trabajo de hacer de comer, fabricar la propia ropa, cuidar ganado u otros impensables trabajos directos. Ni mucho menos a las labores que te hacen sentir bien, tengan o no pago económico.

Las cajas

Nadie repara en que toda la cultura actual basa sus tecnologías y formas de agrupamiento en cajas (vaya a poema Cajas de Ángel Guindá). Y como nadie repara en ello, no sabemos porqué es así, damos por sentado que es la mejor forma o la única, sin embargo, en realidad es sólo otro supuesto social y cultural.

La realidad no real

Dinero, trabajo, ciudades son parte de la realidad no real que al convertirse en un imaginario social, es decir cuando todos creen que es real,  se convierte en eje de la sociedad. Lo mismo pasa con las artes, la política y muchas áreas del mamífero bípedo llamado humano.
Sin embargo, se ha llegado a un absurdo tal que se invierte tiempo, dinero y mucha energía en pantallas cuadradas que simulan realidad y, al final, no son reales, sino un campo de inacción.
Ahora mismo estás leyendo sobre la realidad real en un espacio de realidad virtual, falsa, irreal.


La educación

Y qué mejor manera de hacer que los humanos seamos algo no natural e inclusive opuesto a nuestra propia naturaleza que adiestrándonos. Es decir, la educación es una forma de meter en la mente y, por ende, en los comportamientos  y estructuras determinadas maneras de pensar y de organizar el mundo. Mucho más cuando se hace desde que son pequeños, así simplemente seguirán imitando esas maneras de comportarse y asumirán que su identidad es lo que se les impuso.
Pretextos habrá muchísimos, lo importante es “educar” a todos con las pautas necesarias para que sigan creyendo ciegamente en el dinero, el poder, la ciudad, etc…



Los roles de género y la lucha

Sin embargo, pese a todo eso, algunos mamíferos de los llamados humanos se rebelaban y trataban de hacer cambios en sus sociedades, llegando al punto de descreer en ciertas cosas de las antes mencionadas. Entonces inventaron la cúspide de la estupidez: los roles de género.
Hacerles creer que su complementaridad era una pugna, una competencia y, animales como son, se lían en eso. Y mientras discuten, compiten y se lastiman entre sí, todo queda igual. De manera que sus esfuerzos cotidianos y la energía que pudieran elevar al infinito queda desgastada en un absurdo polarizar su ser complentario mediante la idea de géneros, diferencias e incluso supremacía.


La competencia

A rio revuelto, ganancia de pescadores reza el dicho. Y nada más cierto, mientras los humanos vivimos peleando entre nosotros no entendemos que el sentido de toda lucha es absurdo, porque siempre hay un ganador por sobre los bandos. Por ejemplo: en toda guerra el verdadero ganador es quien vende las armas, en los deportes los ganadores son los empresarios, en la lucha del bien y el mal los administradores del dogma y un largo etcétera.
De manera de la competencia entre los humanos sólo beneficia a quien ha creado la pugna, mientras miles de personas se confrontan y le dan a ganara uno o, acaso un puñado de organizadores.


La libertad

Nada más estúpido que esta idea. Porque la libertad es sólo una idea, no es un estado de ánimo, ni una emoción, es sólo la idea. Desde el momento en que la idea de libertad es en lo social el opuesto a la de esclavitud, tendríamos que decir que para un humano Occidental del siglo XVI y XVII ser libre es: no ser negro, no trabajar de sol a sol, no ser vendido ni traspasado, no trabajar a cambio del alimento, no tener un patrón o dueño, etc.
En cambio se es libre en el siglo XXI cuando por propia voluntad: has terminado la universidad, maestría o doctorado, trabajas para un patrón que decide tus horarios y pagos, vives en un sitio que pagas con tu trabajo, si no trabajas no comes, entre más sirvas en tu trabajo mejores beneficios tendrás, si eres muy bueno en lo que haces otra empresa o patrón vendrá a comprarte (perdón, quise decir contratarte) para que trabajes para él.
De este modo queda demostrado por qué la libertad es el número 9 de nuestra lista.

El amor de pareja


La misión base de toda especie sobre la tierra es muy simple: preservarse. Es decir, la procreación para que la especie como tal prevalezca. Sin embargo, los humanos consagran su estupidez llevando esta misión básica a un extremo ridículo llamado “amor de pareja”.
Necesitados de dos caracteres (ver punto 7) los humanos hemos creado un enorme amasijo de ideas absurdas alrededor de un acto natural: convenios, ritos, mitos y sobre todo la idea de amor de pareja como eje de la energía de cada ser.
En el siglo XVIII, cuando las máquinas hicieron que la gente tuviera demasiado tiempo libre, la humanidad comenzó a ser Romántica y a pasar demasiado tiempo pensando en el Otro. Y así, en la actualidad películas, canciones, libros, televisión, en fin la creación humana en general tiene como uno de sus ejes el amor de pareja, cuando es algo tan simple, tan natural, tan orgánico como la propia necesidad de que la especie siga viviendo.


Sé que hay más muchas más estupideces en el mundo actual.
Sé que este decálogo será siempre incompleto, sin embargo, por algún lado hay que comenzar.
Con este breve texto celebro con beneplácito las creación de tantos decálogos que tan necesarios son al ejercicio de procastinar* cotidianamente en el devenir actual de la humanidad.



* Procastinar: siempre me he preguntado por qué le pusieron un nombre tan eufónico a una no acción tan absurda. En México usamos desde antes del neologismo: pen..jear, hacerse tonto  ma..r gallo. Por ejemplo: estoy aquí nomás ma..ndo gallo en la compu.

1/07/2014

Fábula del siglo XXI

Trajeron a un chamán venido de la parte más recóndita de la sierra indígena a una escuela en el centro de la gran ciudad. Entonces les pidió a los niños que por favor subieran al único árbol que tenía la escuela.
La directora y todos los maestros se opusieron  con argumentos como: “se van a lastimar”, “vamos a tener problemas con los papás” y cosas por el estilo.
El sonriente chamán les dijo que no se preocuparan y entonces soltó la frase: "al primero en subir a la copa del árbol le daré un montón de dinero".
Corrieron cientos de chicos, se golpearon, se lastimaron, se aplastaron. Al principio los maestros trataron de evitarlo, pero cuando el brujo reiteró: “mucho dinero para quien logre subir”, entonces cada uno eligió a un chico a quien apoyar, asistir, cuidar para que ganara.
Cuando quedó una decena de niños la batalla se volvió de los adultos que, a empellones, jalones y amenazas, trataban de subir a su alumno predilecto.
Al final un chico lo logró, apoyado por la directora.
El chamán le entregó una bolsa llena de billetes. No cabían de gusto, sin importarles los golpes propinados, el montón de raspones, arañones y uno que otro diente en el suelo, abrieron la bolsa.
Pero cuál fue su sorpresa al descubrir sólo billetes de hacía más de 50 años, todo ese papel no tenía ningún valor. Acaso algún coleccionista les pudiera dar algunos pesos por ellos.
La señora directora estuvo a punto de golpear al sabio, quien sin quitar su sonrisa estúpida le dijo: “querían ganar por encima de los demás, ahora tendrán que pagar por el daño que hicieron por pasar sobre ellos. En realidad, siempre es así, pero ustedes no pueden darse cuenta”.
El chamán se fue y la directora junto con todos los maestros decidieron cortar para siempre el único árbol de la escuela, por mera precaución.

12/30/2013

maíz

Estoy investigando acerca del maíz.
Cuando comencé a escribir cuentos para niños noté a que en las librerías hay montones de cuentos con las mismas estructuras que los “clásicos”,  yo mismo leí de niño versiones españolas de cuentos y novelas europeas y porque nuestros escritores mexicanos para niños, en general, escriben de todo menos de sí mismos. Es decir, que no existe una literatura infantil mexicana para niños y jóvenes mexicanos. Lo que sí hay son millones de pesos invertidos en que los niños y jóvenes lean, pero lo que se les ofrece son modelos, estrucutras ye squemas europeos, norteamericanos y, con suerte, algunas adaptaciones o ediciones de escritores mexicanos que tienen el alma fuera de este país.
Entonces vuelvo al enigma eterno del pensamiento mexicano, ¿qué es lo mexicano?, ¿dónde radica nuestra identidad?
No sé si las élites culturales lo determinaron o no en el pasado, previo acuerdo con la política de su momento.
No sé si los personalísimos esfuerzos de escritores y filósofos de ver a México con una lupa (¿o Lupe?) occidental tienen o no sentido.
Pero hay algunos rasgos característicos hasta nuestros días que vienen desde antes de la colonia, hay formas y maneras de relacionarnos más allá del imperio de la televisión y de nuestras absurdas aspiraciones por pertenecer a algo que no entendemos, llámese Occidente, Europa o Estados Unidos.
Y en esas maneras, objetos y formas es donde podemos  religar lo mexicano, creo yo. Además no todo lo mexicano, sino aquello que para un grupo o comunidad tiene sentido. Así, como originario de Veracruz, habitante de Puebla y constante trabajador en ciudades y pueblos de Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Estado de México y Distrito Federal doy cuenta de que Mesoamérica es sin duda una región que comparte muchos rasgos.
En la búsqueda de hacer libros para niños más allá de lo comercial, de los intereses del mercado o la intensión de hacerlos “ciudadanos del mundo” de las instituciones escolares, caí en cuenta que maíz y chile nos dan cohesión e identidad.
Respecto del chile hace ya algunos años que uso el poema-cuento de Nuria Gómez Benet “La Fiesta Chipocluda”, hago una introducción cómica sobre la mexicanidad para aterrizar en un hip hop enchilado como base y el texto (escrito a manera de romance) rapeado sobre la base que hace el público.
Entonces caí en cuenta que el chile y el maíz nos dan una serie de características únicas en el mundo. Los rituales cotidianos alrededor de hacer la salsa, preparar las tortillas o tamales, juntarnos a la comunión diaria de comulgar con nuestras tortillas. Ahora no lo entendemos, no entendemos cómo llegamos a esto, ni porqué lo hacemos, pero cada vez que comulgamos y hacemos los ritos en torno al maíz están presentes los miles de años, las generaciones que estuvieron pendientes de los modos, las formas y los significados de comer con chile y maíz.
Es por ello que emprendí un trabajo formal para niños en torno al maíz, con cuentos, canciones y, espero pronto, radio y televisión. Como mexicanos tenemos la raíz en la sangre, oculta. Convivimos con los ancestros cotidianamente, sólo es necesario desentrañarlo, sacarlo y asumirlo.
Por ello sigo a la búsqueda de más y mejor bibliografía, ya que sí he hallado varias cosas pero sé que me falta aún mucho por saber y descubrir.
Hace unos meses encontré un libro que leí con mucho gusto prácticamente de una: El arte de la tortilla, La tecnología utilizada en el proceso de la masa, la tortilla y la molendera en el arte de Guadalupe Prieto Sánchez. Lo disfruté mucho, sobre todo la primera parte donde se habla del maíz, la tortilla y la importancia del metate en la cosmovisión prehispánica. 
Por acá dejaré la portada y la primera versión de este poema sobre el maíz, la primera porque ahora estoy preparando junto con Patricia Vázquez, la ilustradora de mi libro y de la animación Gotita Encerrada, la versión definitiva de el Romance de una Semilla, un poema para rapearse y jugarse en la escuela y en la casa. Y bueno, ahora viene el programa de radio diario, viene ponerse más las pilas para llevar cuentos, canciones, malabares a todas las escuelas posibles.

Así que a seguir, porque el 2014 abre sus puertas y si el que termina me dejó la maravilla de la vida, cinco libros y muchos sueños y nuevas maneras, sin duda éste será la revolución completa.


12/16/2013

una pequeña ventana

Llevo algunas semanas escribiendo uno y otro inicio, arranques y estructuras para cuentos y novelas. De pronto sale una idea que me parece genial como la de un ex narco que se mata "por accidente", después de que las leyes implementan la amputación y la rehabilitación de miembros robóticos impedidos para obedecer órdenes que atenten contra el orden establecido.
Y entonces arranca el texto y me pierdo, me voy lejísimos, termino en un mundo post apocalíptico con un niño pequeño escuchando a un cyborg que le ha ayudado a huir, mientras los persiguen los robots limpiadores.
Y el último niño completo está a punto de morir, mientras el narrador va contra sus propios miembros que lo pueden matar a él y al chico.
Pero no.
Todo se detiene, me aburro, me distraigo, no consigo hilar directo y fuerte el texto. Y estoy convencido que si te aburres al escribirlo, si es un ejercicio contra tu voluntad el "hacerlo bien", entonces la gente lo sentirá al leerlo también. Se contaminará de la misma emoción el texto y, ¿qué sentido tiene escribir por disciplina? Quizá piensen que la gente leerá por disciplina, por compromiso intelectual o social.
Y no, no hay modo que alguien permanezca frente a un libro con honestidad si no le representa algo importante. Y no hablo de la obligación escolar o la búsqueda de cierta información, hablo del gusto por conocer nuevos mundos, nuevas maneras de asir la realidad.
Así que aquí estoy, re comenzando siempre, buscando mi manera de compartir estas historias, estos mundos por fundar sugidos de un par de manos que los lleven a tus ojos, a tu alma.



11/20/2013

escribir

Escribir con rabia, no con corajes ni resentimientos vacíos.
Escribir para mostrarse, no la máscara, no el afán absurdo de pertenecer a un círculo ínfimo de pretensiosos, dejar ver el "símismo".
Escribir para compartir estos únicos ojos que ven cuando los agentes vestidos de civil llaman a sus centros de control.
Escribir para decir que no les creo, que no quiero ser comprado, ni vendido, ni ofrecido, ni dejado, porque escribir es mi otra manera de estar en el mundo.
Escribir porque las películas y la tele, la internet y las series son siempre la misma historia disfrazada.
Escribir porque en estas letras hay más vida que en el andar zombi de tantos y tantos seres que respiran, miran la tele, compran lo que ven en la tele, respiran, meten a sus bocas la droga que han visto en la tele y siguen mirando la tele para vivir imitándola.
Escribir porque amo mi andar, porque no soy un artista de la palabra sino un creador como cualquier otro que va sembrando sueños e ideas por aquí y por allá.
Escribir para descubrir una manera, una forma diferente de fluir y no meter mis palabras en otra caja china, en un envase más, en una estructura prestablecidamente estética y perfectamente asible.
Escribir para seguir creyendo que es posible respirar de otro modo, que aún hay más formas de generar un discurso y, por ende, una identidad, una manera de ser y permanecer en algún plano de realidad.
Escribir para generar realidades posibles, no sólo matizar y cambiar fotografías como en photoshop sino crear nuevas maneras de mostrar la imagen.
Escribir porque de madrugada, cuando termino de ver la misma película de siempre, mientras mi familia duerme, necesito decir: no les creo a sus post en facebook, la máscara está tan encarnada que al final sólo  hay impostura y vacío.
Yo escribo hoy, como hace años, escuchando caer la lluvia, mirando pasar a los nocturnos, huyendo del sueño o supliéndolo por letras.
Escribo para escuchar el sonido de mis dedos en el teclado, extrañando el golpeteo de mi olivetti, reconciliado con la gente querida porque ahora puedo escribir en una tablet sin hacer ruido.
Y sigo escribiendo porque en estas noches, en que no puedo dormir porque mi cuerpo no se cansó tanto como los días anteriores, me ganan las ansias y quiero extender mis brazos hasta tus ojos para mirarte y agradecerte que me dejes entrar en tu casa, en tu andar y en tus días, sea con un cuento, con un texto, con un malabar o, simplemente, con el atisbo de una sonrisa.
Escribir como respirar, a veces pleno y otras con todo o gripa, escribir entonces para vivir, como contar y hablar, como viajar y conducir, como comer o comprar, como el virus llamado cultura que respiramos pasivamente, como analgésico, relajante o antibiótico. Pero mejor no, mejor escribir para auscultar y determinar, poco a poco, cual es la propia enfermedad

11/04/2013

¿Cuánto y cuánto más arranca con una gota de sangre derramada?

La violencia desmedida en los últimos años se ha convertido en el escenario cotidiano de México. No entendemos bien a bien en qué momento comenzó, ni de qué forma las calles, las carreteras, los negocios y a menudo nuestros barrios se llenaron de uniformados diversos, encapuchados o simplemente tipos grandes y rudos portando armas largas. No puedo hablar de sus rostros, porque si van al descubierto es imposible sostener la mirada, el cuerpo entero se estremece y uno elige mirar a otro lado.
Porque las pistolas, metralletas, fusiles y demás tienen una única función. Las armas únicamente sirven para matar, para acabar con la vida de otro. No sirven para cuidar, ni salvaguardar, no sirven para otra cosa más que para disparar y cada bala, cada disparo está diseñado para lastimar a un ser viviente y, de preferencia, acabar con él.
Sin embargo, el negocio de la muerte y las armas no es sólo para quien las elabora y vende, las compra, las usa o echa mano de ellas para amedrentar a otros. El negocio de las armas va más allá, porque su existencia genera violencia y con ella una forma de vivir, un imaginario completo y un mundo nuevo, con sus estructuras y maneras.

La primera vez que vi a centenares de uniformados con armas largas apuntando hacia la gente fue en Xalapa, una tranquila ciudad de provincia, habrá sido por 2006 cuando se soltó el rumor de que habría una golpiza pública contra los “Darks”. Nunca había visto uno de esos, pero circularon incitaciones para todos los chicos de secundaria y preparatoria por internet, celulares y mediante pequeñas fotocopias que nadie sabía bien a bien quién repartía ni de dónde venían.
El viernes por la tarde, todo el parque central estaba rodeado de camionetas de policías con armas largas que apuntaban a cualquier persona que se acercara.
Al mismo tiempo, en pueblos cercanos detuvieron a varios chicos.

Y así comenzó, como una broma, como una supuesta golpiza de imaginarios grupos de jóvenes. Y luego no fue más que cotidiano ver armas largas en manos de gente encapuchada, escuchar tronidos por acá o por allá, saber que algún ex compañero de escuela desapareció, escuchar rumores y ver camionetas, tanques y demás como parte del paisaje de una ciudad.

Llevábamos años y años de ver en la mayor parte de las películas pistolas y armas, de mirar en la televisión armas para darle fuerza a las escenas. Guerras donde la supuesta supremacía dependía por entero de las armas, fue una campaña enorme para hacer de las armas un objeto cotidiano, no sólo para soldados y gente violenta, sino para que los niños jugaran con ellas, las pidieran en navidad y cosas como el gotcha se vendieran como diversión en pleno.
Ahora nadie se detiene ni un segundo a reflexionar acerca de la violencia y las armas, al prender la tele aparecen imágenes de asesinatos, de gente armada; en el internet; en los video juegos y en nuestra vida cotidiana. Más cerca aún, centenares de escuelas públicas mexicanas reciben con beneplácito a diario camionetas con hombres uniformados y armados. Así, diariamente nuestros hijos (niños y jóvenes) se relacionan con esos objetos, con esos sujetos y con esas acciones que, por ahora, se omiten.

Supe que mi compañera estaba embarazada en un retén de la marina. Cuando entrábamos a un pueblo y nos detuvieron encapuchados, fue justo en el momento en que uno de ellos le apuntó cuando pude mirar cómo su cuerpo se enconchaba en el asiento, cómo protegía su vientre. Al día siguiente una prueba casera nos lo comprobó, pero yo lo sabía, su cuerpo lo develó.

Más que el cómo llegamos a esto, mi preocupación es ¿por qué? No sé exactamente quién gana de la política del miedo, de la producción sistemática de violencia. Sé que hay un auge enorme de libros que hablan de eso, sé que la mayor parte de la televisión y el cine que se producen usa las armas y la violencia como eje, tema o, al menos, paisaje. Sé que yo mismo me enfrento al problema de escribir sobre violencia y, con ello, seguir alimentando esa idea.
Y  ni mencionar noticias, rumores, charlas de café o de mesa donde el tema es a quién secuestraron, cómo iban los encapuchados o de qué tamaño eran las armas.

La industria del miedo y la violencia es la más mainstream, la más globalizada o, quizá el vehículo de la ideología imperante. Por supuesto, somos actores inconscientes de este mundo. Desde hace años las ideologías imperantes llenan nuestra realidad cotidiana sin que nosotros podamos hacer nada más que encender la tele, emplearnos en algún sitio a cambio del dinero necesario para descansar mirando la tele. Y absorber pasivamente lo que emulamos en nuestros días.

Aldo Peralta

La violencia que, sin darnos cuenta, permitimos en el pasado es la muerte que lloramos hoy y, si no nos detenemos un poco, será la forma del mundo futuro, que permitimos con nuestros actos inconscientes de imitación y nuestros enormes silencios.

10/28/2013

Los nuevos pobres


Martín Corona Alarcón

Los nuevos pobres tienen televisión, la más grande en el centro de su casa, como eje de su voluntad.
Los nuevos pobres no ansían saber ni poder, ansían robar, sentarse a ver la tele y ufanarse de ser ladrones.
Los nuevos pobres son gordos, pero viven desnutridos; no conciben alimentarse porque se llenan de refrescos y alimentos procesados.
Los nuevos pobres no tienen “llenadero” siempre quieren más y más, no importa qué, ni cómo, ni porqué, sólo más.
Los nuevos pobres sólo anhelan dejar de ser pobres,  para eso se esfuerzan en hacer más pobres a los otros pobres.
Los nuevos pobres salen en familia los domingos a llenar el carrito al supermercado con cosas que no necesitan.
Los nuevos pobres no hablan, gritan o murmuran entre dientes, no abrazan ni besan creen que el abuso es amor.
Los nuevos pobres pelean por el dinero, mas nunca invierten ni piensan más allá de en cómo gastar más y más.
Los nuevos pobres no soportan el silencio, llenan el ambiente con cualquier ruido que salga de sus radios, televisiones, reproductores.
Los nuevos pobres creen en el amor de pareja como eje de su vida, viven destruyéndose entre sí con ese pretexto.
Los nuevos pobres son egoístas, trabajan más en destruir al otro que en construirse a sí mismos.
Los nuevos pobres no leen, ven televisión; no crean, imitan; no comen, consumen; no viven, son zombis.
Los nuevos pobres no buscan trabajo, quieren un empleo donde ir a derrochar su tiempo y que a cambio les paguen muy bien.
Los nuevos pobres le creen más a la tele, el radio, la prensa o el internet, que a sus propios ojos, a sus emociones y percepciones.
Los nuevos pobres se quejan de que les cambien el horario, suban los precios de sus alimentos, cambien las leyes que los rigen, pero siguen pasivos a la manada dentro del cerco.
Los nuevos pobres lamentan la devastación de su planeta, pero pavimentan toda tierra a su alrededor.
Los nuevos pobres tienen dinero y lo gastan, pero siempre se sienten vacíos.
Los nuevos pobres tienen metas claras: ser rubio, ser bello, ser rico, ser exitoso, ser poderoso, ser delgado, ser como el protagonista de la última película de Hollywood que vieron.
Los nuevos pobres se quejan, se lamentan, se estresan, se enferman, se mueren en  vida, pero no hacen nada para cambiar la situación.
Los nuevos pobres creen en la política que no entienden, tienen fe en que yendo a votar cambiará algo significativo en sus vidas.
Los nuevos pobres se encomiendan al Dios de los judíos, pero al Dios histórico, no al creador de los bancos.
Los nuevos pobres defienden a capa y espada cosas que no entienden, ni intentan descifrar: el progreso, la democracia, la libertad, sólo porque les han hecho creer que deben hacerlo.
Los nuevos pobres ponen sus esperanzas en competencias arregladas, en guerras falsas, siguen con fe ciega a un bando, a sabiendas que el verdadero ganador es el dueño del espectáculo o las armas.
Los nuevos pobres compiten contra otros pobres como si ellos fueran el enemigo y no sus iguales.

Los nuevos pobres son incapaces de atentar contra su pobreza, contra quienes los someten,  sueñan con ser como ellos y tener a otros pobres a sus pies.