8/24/2016

El blanco, el negro, el escritor y el fantasma

(Columna para Diario El Popular en Puebla)

Grabado de Pau Masiques para el libro "Amigos del otro lado" de María Luisa Anza.

Martín Corona Alarcón


Dos escándalos llenaron la última semana las redes sociales: la tesis plagiada de Peña Nieto y la invitación de Yordi Rosado al Festival de las Letras de San Luis Potosí. Ambas notas indignaron a la comunidad literaria e intelectual del país. Opiniones y críticas, molestias y hasta una que otra justificación; sin embargo, casi nadie habla del fantasma, del oculto, ese personaje del que toda chica se enamora pero a ninguna se le ocurriría tomar como marido.
     Y ambas notas son del mismo tipo. Acaso no ha visto usted en bibliotecas, cafeterías y universidades un personaje cuya espalda encorvada está sobre una computadora, un cuaderno, libros a montones. Un personaje que todo el tiempo está escribiendo, para quién no hay vacaciones, ni aguinaldos, ni trabajo estable, ni familia, ni títulos como maestría o doctorado; la mayoría de las ocasiones ni siquiera licenciatura. ¿Quién es?
     Los hay de todo tipo. Desde aspirantes a políticos que comienzan escribiendo discursos, hasta escritores consagradísimos que exploran otras maneras de trabajar su escritura y publicar con nombres falsos o usando a alguien real (como el argumento de Mrs. Gwing de Baricco). Hay fantasmas en todos lados.
     Esto mismo puede estar siendo escrito por alguien muy diferente a quien firma, ya que el “autor” está muy ocupado haciendo algo que genera el suficiente dinero como para pagarle a quien escribe, edita e investiga.
     Por supuesto que el “fantasma” o “negro” sólo obedece órdenes, la idea original es del genio que firma y dirige su ejecución. Pero aún no he definido exactamente a ese amanuense de las ideas, a ese personaje cuyo oficio es escribir, realizar, traducir una idea o un encargo específico a papel y que jamás verá su nombre publicado. Por supuesto que es un trabajo pagado, no siempre muy bien pero siempre se gana algo: una beca, un pase de pertenencia a cierto grupo social, un sueldo o, al menos, el cariño o hasta la correspondencia pasional de alguien.
     Cuando se hace público que el presidente mexicano plagió un alto porcentaje de su tesis de licenciatura muchos lo toman a broma, a cosa sin sentido, a ese grado está integrado el trabajo de los “negros” o “fantasmas” en la academia. De hecho, todo escritor que se precie de serlo en algún momento lo ha sido o lo es.
     Cuando Yordi Rosado, figura de televisión, es “invitado” al Festival de las Letras de San Luis con un pago de más de 100 mil pesos se indigna la comunidad intelectual. Lo mismo pasó con el éxito de ventas Germán Garmendia, creador del canal Hola soy Germán en la Feria del Libro de Bogotá. Sin embargo, ni el señor Rosado, ni Garmendia son escritores y, seguramente, son incapaces de redactar un par de páginas con sentido y sin faltas de ortografía.
     Entonces, ¿Por qué las editoriales, ferias del libro y festivales enaltecen a figurines de la tele y la política? Por una cuestión simple, la gente no compra un libro sólo porque le interese su contenido, el público desde siempre consume personalidades, busca el líder de la tribu, al cazador experimentado, a quien le signifique algo.
     O no les parece sospechoso lo pesados y groseros que son muchos escritores. Bueno, el personaje detrás de la persona es casi tan importante como el autor. Sin ese “personaje” cualquiera podría ser autor de un libro, cualquiera podría ser artista o político. Y si algo debe quedar claro a la masa es que ese es un privilegio de ser tocados por los dioses. Y siendo honestos ese “toque” se llama ahora inversión económica (en productos mainstream), apellidos (en aquellas familias que ostentan su título de salvaguardas de la cultura y las artes) y para los esforzados una enorme lista de licencias sociales entre las que se encuentra muchas veces convertirse en “fantasma” o “negro”.
     No nos sorprende que los anaqueles literarios estén llenos de amanuenses de este tipo y, de paso, también buena parte de los espacios académicos. Y más allá de la ética en ello, hay casi una tradición de silencios y omisiones de la que somos parte porque es una regla tácita para poder pertenecer. Lo alarmante es que la literatura y la política se vean envueltas en este escándalo y que sus figuras referenciales sean tachadas de algo negativo. Más que una filtración, es un síntoma del cambio de referentes y maneras de hacer cultura en nuestro mundo.
     Terminaré lamentando la pérdida de Ignacio Padilla, de la generación del crack, un escritor mexicano queridísimo por todos. Lo verdaderamente difícil es que él, mucho más allá de figura siempre fue un gran escritor, así que las letras mexicanas han perdido mucha obra al perder a este autor.


8/05/2016

Leyendo en 3D

Leer libros sin letras
Leer de otro modo
Leer con ingenio 
Leer nuevos símbolos
Leer otros códigos
Leer otros libros
Leer otros mundos 

El primo de un amigo

Tengo un amigo que es ahijado del hijo del hermano que es primo de un empresario cuyo iva pasa por la AC de su desagradable y flojo primo editor.
Ese joven muchacho de 45 años bohemio y loco, tiene a su cargo una decena de personas de su completa confianza que hacen el trabajo, le siguen la corriente y hasta le siguen la fiesta.
Su "negocio" sólo publica a miembros de su familia, amigos y gente que pertenece a su grupo social. De vez en cuando se contacta con algún escritor importante en algun círculo social de un país difícil de pronunciar y le publica algo para "darlo a conocer", con lo cual válida el prestigio de su sello.
Es una de las grandes editoriales que sostienen los aportes más significativos de las letras nacionales.





7/18/2016

No es que no te quiera blog, pero hace años me di cuenta que o escribía o vivía, porque en aquellos ayeres no podía cargar una máquina de escribir para todas partes. Ahora ya tengo un iPhone y puedo escribir un post o subir un video o una foto en tiempo real. Así que vuelvo, vuelvo a este cuadernito virtual que comencé hace 14 años.
Es tiempo de regresar, tiempo de complementar con el pensamiento las acciones, dar más aún que aquello que ocurre en la escena. También ocurre otra cosa, algo nuevo y diferente: ha pasado el tiempo y no es necesario estar del tingo al tango, comienza a ser mejor estar frente al teclado, compartiendo desde otro lado.
Así que aquí seguimos, aquí nos vemos en esta mismidad que fluye de tan diversas maneras.


11/06/2015

Ser Hombre

Ilustración: Karla Reyes


Con sus pelos lacios y negros, con esa chispeante mirada café y la sonrisa que te arrebata un suspiro la niña a sus cinco años parece tenerlo muy claro: "de grande quiero ser hombre".

     Mamá y papá no saben bien a bien qué decirle, pero están preocupados. Los abuelos no saben bien cómo tomarlo y lo toman como todo lo que viene de ella, celebrándolo con risas, dulces y chocolates. En cambio el tío, ese extraño tío va más allá de la cantaleta "¿Qué quieres ser cuando seas grande?" y arremete con un ¿"Por qué quieres ser hombre?"
     – Ay pues fácil porque quiero hacer historia, descubrir planetas, viajar por las galaxias, crear curas para todas las enfermedades y mira acá...
     Y ella, hermosa y pequeña, que aprendió a leer en casa le señala los libreros con enciclopedias y pesados tomos sueltos empastados:
     La Historia del Hombre
     El Hombre y sus descubrimientos
     El Hombre y el Universo
     El tío, mamá, papá y los abuelos no pueden parar las carcajadas. Entonces le explicaron que durante muchos años la Humanidad creyó que sólo los hombres tenían posibilidad, capacidad, entendimiento para las cosas importantes. Un mito como cualquier otro que ha creído el ser humano, pero que ya no es así, que en realidad nunca ha sido así.
     Entonces la pequeña sabe bien a qué se dedicará cuando sea grande:
     – Cambiaré todos los títulos de todos libros para que ninguna niña jamás quiera ser hombre. 
     Y cuentan que en el futuro Mujeres, Hombres, Niñas y Niños todos los Humanos tuvieron libros y registros de todo tipo en los que ninguno se sintió excluido.

Txt: Martín Corona Alarcón. Derechos Reservados. Se prohibe su reproducción total o parcial sin el consentimiento de los autores.

10/11/2015

Cuentos de papá


Cuento para contar a los niños

Noche a noche papá cuenta cuentos a sus chicos. Sus historias hablan de amor, de cariño, de héroes que prefieren quedarse en casa que salvar a la patria, de inteligentes guerreros incapaces de aplastar una mosca, de maravillosos científicos que no se preocupan por salvar al mundo sino a las mascotas de los niños y a los niños y sus familias.
     Su mujer no para de burlarse. Le pregunta entre risas: "¿qué sentido tiene todo lo que les cuentas si ellos ya están dormidos?" Pero a papi eso no le importa, durante todo el día de trabajo, mientras lleva y trae cosas, en tanto escucha los gritos de su jefe, mientras conduce o cuando se toma un té, un refresco, un café o al menos un poco de agua, va hilando palabra a palabra, imágenes que se suceden para brindarles a ellos la historia de un mundo posible diferente, mejor que el propio.
     Los fines de semana papá prefiere reír, viajar un poco, visitar a la abuela o los tíos, ir al parque, a nadar a la alberca o al río, al mar cuando hay un poco más de tiempo o al menos a la compra, al supermercado, al cine en la plaza comercial, pero nunca se quedan en casa. Y en esos trayectos, los chicos no le hablan a su padre de la tele que ven durante la semana, tampoco de las películas que verán, ni tampoco de los videojuegos.
     Para sorpresa de su madre, los chicos le cuentan a su padre sus sueños de héroes, científicos, guerreros maravillosos, diferentes, amorosos como él.

Ilustración de Omar Urbano 

8/18/2015

De la prensa y las redes

De la prensa y las redes

Martín Corona A.

Fue en 2003, cuando llegué a vivir en otra ciudad y mis esperanzas de trabajar en un periódico muy prestigioso se cayeron de un golpe: “mi contacto ya no trabaja ahí”, dijo la amiga que me ayudaría.
Entonces busqué en todas partes, lo que fuera, mi pareja volvería pronto y sin trabajo ella, ni trabajo yo, pues no había modo.
La presión crecía y en la casa donde me recibieron mis amigos periodistas la cosa estaba cada vez más tensa, un par de semanas está bien pero ya era más que eso. Acepté que me “ayudara” mi amiga y consiguió que me recibiera el director de un periódico, me dieron trabajo como caricaturista con photoshop. Se trataba de hacer sátira política con collages y globitos. Fue una labor divertida, iba al periódico, entregaba y regresaba a casa, que me quedaba a tres calles. Así que todo fluía maravillosamente.
Hasta que comencé a cubrir las giras del gobernador, tenía toda la libertad necesaria de escribir lo que quisiera, total que después editaría el reportero que firmaba, para que saliera en un buen sitio del periódico. A mí me pagaban lo mismo y tampoco tenía muchas ganas de destacar o convertirme en… entonces comencé a escribir reportajes especiales. Mi perfil lumpen, ser como cualquier otro, me permitió platicar con vendedores de pizza, albañiles, huelguistas y hasta vendedores de juguetes sexuales. Recuerdo con mucha alegría esos textos, aquella aventura.
Entonces vinieron las “investigaciones especiales”, los reportajes donde hubo que buscar ambas partes, denunciar situaciones complicadas tanto del gobierno como de algunas empresas y esos reportajes comenzaron a quedarse guardados para publicarse la otra semana, en el fin de semana, para otra ocasión, hay que buscar el momento... Así que cuando se publicaron llegaron un par de amenazas a mi correo. “Nada de qué preocuparse”, me dijo el director del diario, vete de vacaciones un mes. “No te preocupes, te seguiremos depositando”.
En tanto pude ver de lejos aquello: ya estaba en la mesa con jóvenes políticos cuya carrera me pedían apuntalar, la amistad con gente de muchos tipos, las pláticas de café y las cervezas para ganar confianza. Todos sabemos algo que puede incomodar a otros y, a veces, nos conviene decírselo a quienes pueden hacerlo público. El esquema es muy sencillo en realidad.
Y pasó el mes y de nada sirvió aquella distancia. Caí en cuenta del juego: para que exista un periódico hacen falta muchas partes, pero la esencial, la medular no es precisamente la información, ni lo que se dice. Y para que eso ocurra hay muchas partes, una inversión para tener secciones, para mostrar diferentes cosas sin importancia, como una enorme envoltura para un solo regalo. Así que decidí dejar el periodismo, nada valía mi calma, mi tranquilidad y, al menos en mi experiencia, no había nada por hacer, nada qué decir ni qué defender.
Eso pasó hace más de diez años y si bien volví al viejo vicio de escribir en prensa, ya no lo hice más de la misma manera. Alguna historia para chicos, alguna nota especial para promocionar mis eventos o los de mis amigos. Pero nada más.
Y a la luz de todo lo que pasa hoy con la prensa, con la investigación, con el “chayote” y con lo fácil que resulta a un poderoso callar y callarte, con lo que no se ve ni se dice de la prensa, ni de los juegos de creación de realidades me queda claro que mi decisión fue la correcta, al menos para mí.
Hoy todo ha cambiado, no es necesario que el director, editor o dueño de un medio impreso, radiofónico o televisado acepte o no la nota. Con la internet, las redes sociales o los blogs son muchas veces los mismos reporteros quienes habilitan la información hacia toda la gente y eso justamente los pone en un gran riesgo.
Comencé haciendo prensa cultural en Veracruz, hace casi veinte años, por ello aún siento cercanía y estoy convencido de lo complejo de las situaciones, de los muchísimos factores a tomar en cuenta; sin embargo, me parece que saber algo que perjudica al poderoso es delicado, pero hacerlo público o usarlo para los propios fines o de un grupo en busca del poder es mucho más que peligroso.

Tengo claro todo lo dicho por Umberto Eco en su libro “Número Cero”, que curiosamente después de estar en las mesas de novedades de las librerías, ahora con suerte lo hallas escondido entre los libreros. Y la anécdota base del libro es el asesinato de un periodista de investigación que se iba acercando a desenmascarar un hecho histórico esencial para la Italia contemporánea. No puedo dejar de pensar que los reporteros caídos, al igual que el personaje de ficción, se acercaron demasiado a esa información que el 99% de la gente da por sentado que es de cierto modo y, la realidad completa, no toleraría que no fuese así.

7/27/2015

La columna

Arranque de columna semanal


La columna


Ese género maravilloso que de un tiempo a la fecha se convierte en uno de los más leídos. Porque la gente no lee la nota de prensa, en el encabezado cree haber entendido todo y defiende con fe ciega una opinión que cree personal basada en un atisbo, en un brevísimo enunciado.
Cuando ves un post de Facebook o el título de la nota en Twitter te haces una idea. Pero cuando lees algo más “profundo” al respecto y, además, escrito por un nombre famoso, multicitado en redes o con la foto de un escritor no puedes dejar de asomarte un poco.
Y ahí actúa La Columna con toda su fuerza.


Los viejos tiempos

Recuerdo aquella época de la prensa diseñada por cuadratines, de contar las letras y las palabras para que “entrara” en la columna. Sí, tuve esa oportunidad.
Y me acuerdo muy bien que si había algo aburrido en el periódico era la columna de opinión. La foto de un viejo bigotón invariablemente de traje haciendo gesto de pertenecer a una sociedad secreta (como las de Umberto Eco) que con palabras del siglo XIX trataba a toda costa de defender algo que tampoco era nada claro.
Cuando la prensa escrita tenía al periódico como único depositario las columnas de opinión era la cosa más aburrida y poco importante. Sólo las leían los políticos y esos viejos aburridos que pasaban los ojos por todo el periódico gracias a su tiempo libre o al ocio disfrazado de empleo.
La columna cambió. Del  lenguaje críptico (sí, así como la palabra misma) al golpeteo directo, a la queja, al ataque y la demostración. Y en lugar de que sendas autoridades en el tema desarrollen sobre un asunto, es el director del periódico, el editor o un periodista con reputación (buena o mala) quien la escribe.

La calumnia o columna
El género de la columna no es noticioso como tal, sino de opinión. Es decir, no hay noticia sino opinión acerca de una noticia, evento o situación. Por ende una columna es una visión de un gran todo, un enfoque, un modo de ver las cosas.
Lo más importante es que no tiene compromiso alguno con la verdad, no pretende ser verdad pero sí erige una verdad. Nunca nos detenemos a analizarlo, pero el columnista habla del tema como si aquello que dice fuera la verdad única. Y nosotros lo creemos, porque lo está escribiendo, lo estamos leyendo (y leer es bueno desde la Biblia hasta las Sombras de Gray, dicen).
Así que los columnistas de este momento y los de antaño poseen el maravilloso poder de ser como una cámara de la realidad, ellos retratan, destacan y perfilan la parte que desean. Y nosotros “entendemos” mejor la noticia. Claro que este poder es para bien y para mal, en sus manos la posibilidad de extorsionar, de sesgar, denostar u ocultar eventos e información. O la de aclarar, resaltar y hasta llevar al lector hacia un sesgo más humanizado o justo, según sea el caso.
No en balde, en el argot de los viejos la pregunta siempre fue: ¿Escribes columnas o calumnias?


Las nuevas maneras de leer “noticias”
A diferencia de antaño, ahora no es tan simple saltarse las fotos aburridas de los viejos bigotones. En principio porque los bigotes están de moda  y las redes sociales tienen la posibilidad de “viralizar” cualquier contenido, siempre y cuando se le invierta suficiente dinero a dicha publicación. De manera que en tu muro aparecerá primero el que mejor pague sin que importe el contenido o la idea.
Y ahí lo interesante de las columnas, más allá de que sean escritas por tu autor favorito, por un periodista famoso o simplemente traigan una foto atractiva, aparecerán siempre en tu muro de manera muy llamativa.
Y más allá de tus ideas, es una buena manera de perfilar la información que tienes hacia los senderos adecuados. De manera que nunca te preguntarás cosas muy básicas de ciertas noticias, además de sumarte con argumentos razonables a un modo de ver la información, de generar una ideología, de hacer el mundo.

Alguien paga

Más allá de teorías de conspiración, todos sabemos que los periódicos, los grupos, aquellos que ostentan un poco o un mucho de poder, tienen tras de sí una ideología, una manera de enfocar la realidad. Lo que para unos es una ofensa, para otros es una práctica común, aquello que resulta inmoral para unos es la manera de hacerse de recursos para otros.
Y de esta manera se maneja la información del modo más conveniente para una u otra ideología o tendencia. Y un columnista es eso: un ideólogo, él procesa la información, le da un sesgo. No genera noticia, sino que la guía, te lleva hacia cierta manera de comprenderla.


Desgastarse en post

Y como ningún columnista hasta ahora ve la realidad como la miro yo, pues me dedicaré a ahondar en ciertos temas desde mi propia visión. Les prometo que hasta ahora nadie me paga por hacer la columna, de hecho la pongo a disposición de cualquier medio que guste usarla, sea físico o virtual. No le pondré un solo centavo a “viralizarla”, sólo tiempo de reflexión y mucha disciplina para estar aquí todos los lunes. Y quizá de vez en vez alguna que otra foto.

Seguro que no hablaré de temas políticos o económicos que me pongan en riesgo, tampoco predicaré qué es lo mejor del mundo o de cómo nos salvaremos a nosotros y nuestros hijos.  Pero les prometo que compartiré una visión que tiene detrás muchas lecturas, mucho camino recorrido y, sobre todo, la honestidad de un juglar contemporáneo medio cínico, medio amoroso y que está comprometido con crear nuevas vías, diversas maneras de hacer mundos más amables.