1/07/2014

Fábula del siglo XXI

Trajeron a un chamán venido de la parte más recóndita de la sierra indígena a una escuela en el centro de la gran ciudad. Entonces les pidió a los niños que por favor subieran al único árbol que tenía la escuela.
La directora y todos los maestros se opusieron  con argumentos como: “se van a lastimar”, “vamos a tener problemas con los papás” y cosas por el estilo.
El sonriente chamán les dijo que no se preocuparan y entonces soltó la frase: "al primero en subir a la copa del árbol le daré un montón de dinero".
Corrieron cientos de chicos, se golpearon, se lastimaron, se aplastaron. Al principio los maestros trataron de evitarlo, pero cuando el brujo reiteró: “mucho dinero para quien logre subir”, entonces cada uno eligió a un chico a quien apoyar, asistir, cuidar para que ganara.
Cuando quedó una decena de niños la batalla se volvió de los adultos que, a empellones, jalones y amenazas, trataban de subir a su alumno predilecto.
Al final un chico lo logró, apoyado por la directora.
El chamán le entregó una bolsa llena de billetes. No cabían de gusto, sin importarles los golpes propinados, el montón de raspones, arañones y uno que otro diente en el suelo, abrieron la bolsa.
Pero cuál fue su sorpresa al descubrir sólo billetes de hacía más de 50 años, todo ese papel no tenía ningún valor. Acaso algún coleccionista les pudiera dar algunos pesos por ellos.
La señora directora estuvo a punto de golpear al sabio, quien sin quitar su sonrisa estúpida le dijo: “querían ganar por encima de los demás, ahora tendrán que pagar por el daño que hicieron por pasar sobre ellos. En realidad, siempre es así, pero ustedes no pueden darse cuenta”.
El chamán se fue y la directora junto con todos los maestros decidieron cortar para siempre el único árbol de la escuela, por mera precaución.

12/30/2013

maíz

Estoy investigando acerca del maíz.
Cuando comencé a escribir cuentos para niños noté a que en las librerías hay montones de cuentos con las mismas estructuras que los “clásicos”,  yo mismo leí de niño versiones españolas de cuentos y novelas europeas y porque nuestros escritores mexicanos para niños, en general, escriben de todo menos de sí mismos. Es decir, que no existe una literatura infantil mexicana para niños y jóvenes mexicanos. Lo que sí hay son millones de pesos invertidos en que los niños y jóvenes lean, pero lo que se les ofrece son modelos, estrucutras ye squemas europeos, norteamericanos y, con suerte, algunas adaptaciones o ediciones de escritores mexicanos que tienen el alma fuera de este país.
Entonces vuelvo al enigma eterno del pensamiento mexicano, ¿qué es lo mexicano?, ¿dónde radica nuestra identidad?
No sé si las élites culturales lo determinaron o no en el pasado, previo acuerdo con la política de su momento.
No sé si los personalísimos esfuerzos de escritores y filósofos de ver a México con una lupa (¿o Lupe?) occidental tienen o no sentido.
Pero hay algunos rasgos característicos hasta nuestros días que vienen desde antes de la colonia, hay formas y maneras de relacionarnos más allá del imperio de la televisión y de nuestras absurdas aspiraciones por pertenecer a algo que no entendemos, llámese Occidente, Europa o Estados Unidos.
Y en esas maneras, objetos y formas es donde podemos  religar lo mexicano, creo yo. Además no todo lo mexicano, sino aquello que para un grupo o comunidad tiene sentido. Así, como originario de Veracruz, habitante de Puebla y constante trabajador en ciudades y pueblos de Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Estado de México y Distrito Federal doy cuenta de que Mesoamérica es sin duda una región que comparte muchos rasgos.
En la búsqueda de hacer libros para niños más allá de lo comercial, de los intereses del mercado o la intensión de hacerlos “ciudadanos del mundo” de las instituciones escolares, caí en cuenta que maíz y chile nos dan cohesión e identidad.
Respecto del chile hace ya algunos años que uso el poema-cuento de Nuria Gómez Benet “La Fiesta Chipocluda”, hago una introducción cómica sobre la mexicanidad para aterrizar en un hip hop enchilado como base y el texto (escrito a manera de romance) rapeado sobre la base que hace el público.
Entonces caí en cuenta que el chile y el maíz nos dan una serie de características únicas en el mundo. Los rituales cotidianos alrededor de hacer la salsa, preparar las tortillas o tamales, juntarnos a la comunión diaria de comulgar con nuestras tortillas. Ahora no lo entendemos, no entendemos cómo llegamos a esto, ni porqué lo hacemos, pero cada vez que comulgamos y hacemos los ritos en torno al maíz están presentes los miles de años, las generaciones que estuvieron pendientes de los modos, las formas y los significados de comer con chile y maíz.
Es por ello que emprendí un trabajo formal para niños en torno al maíz, con cuentos, canciones y, espero pronto, radio y televisión. Como mexicanos tenemos la raíz en la sangre, oculta. Convivimos con los ancestros cotidianamente, sólo es necesario desentrañarlo, sacarlo y asumirlo.
Por ello sigo a la búsqueda de más y mejor bibliografía, ya que sí he hallado varias cosas pero sé que me falta aún mucho por saber y descubrir.
Hace unos meses encontré un libro que leí con mucho gusto prácticamente de una: El arte de la tortilla, La tecnología utilizada en el proceso de la masa, la tortilla y la molendera en el arte de Guadalupe Prieto Sánchez. Lo disfruté mucho, sobre todo la primera parte donde se habla del maíz, la tortilla y la importancia del metate en la cosmovisión prehispánica. 
Por acá dejaré la portada y la primera versión de este poema sobre el maíz, la primera porque ahora estoy preparando junto con Patricia Vázquez, la ilustradora de mi libro y de la animación Gotita Encerrada, la versión definitiva de el Romance de una Semilla, un poema para rapearse y jugarse en la escuela y en la casa. Y bueno, ahora viene el programa de radio diario, viene ponerse más las pilas para llevar cuentos, canciones, malabares a todas las escuelas posibles.

Así que a seguir, porque el 2014 abre sus puertas y si el que termina me dejó la maravilla de la vida, cinco libros y muchos sueños y nuevas maneras, sin duda éste será la revolución completa.


12/16/2013

una pequeña ventana

Llevo algunas semanas escribiendo uno y otro inicio, arranques y estructuras para cuentos y novelas. De pronto sale una idea que me parece genial como la de un ex narco que se mata "por accidente", después de que las leyes implementan la amputación y la rehabilitación de miembros robóticos impedidos para obedecer órdenes que atenten contra el orden establecido.
Y entonces arranca el texto y me pierdo, me voy lejísimos, termino en un mundo post apocalíptico con un niño pequeño escuchando a un cyborg que le ha ayudado a huir, mientras los persiguen los robots limpiadores.
Y el último niño completo está a punto de morir, mientras el narrador va contra sus propios miembros que lo pueden matar a él y al chico.
Pero no.
Todo se detiene, me aburro, me distraigo, no consigo hilar directo y fuerte el texto. Y estoy convencido que si te aburres al escribirlo, si es un ejercicio contra tu voluntad el "hacerlo bien", entonces la gente lo sentirá al leerlo también. Se contaminará de la misma emoción el texto y, ¿qué sentido tiene escribir por disciplina? Quizá piensen que la gente leerá por disciplina, por compromiso intelectual o social.
Y no, no hay modo que alguien permanezca frente a un libro con honestidad si no le representa algo importante. Y no hablo de la obligación escolar o la búsqueda de cierta información, hablo del gusto por conocer nuevos mundos, nuevas maneras de asir la realidad.
Así que aquí estoy, re comenzando siempre, buscando mi manera de compartir estas historias, estos mundos por fundar sugidos de un par de manos que los lleven a tus ojos, a tu alma.



11/20/2013

escribir

Escribir con rabia, no con corajes ni resentimientos vacíos.
Escribir para mostrarse, no la máscara, no el afán absurdo de pertenecer a un círculo ínfimo de pretensiosos, dejar ver el "símismo".
Escribir para compartir estos únicos ojos que ven cuando los agentes vestidos de civil llaman a sus centros de control.
Escribir para decir que no les creo, que no quiero ser comprado, ni vendido, ni ofrecido, ni dejado, porque escribir es mi otra manera de estar en el mundo.
Escribir porque las películas y la tele, la internet y las series son siempre la misma historia disfrazada.
Escribir porque en estas letras hay más vida que en el andar zombi de tantos y tantos seres que respiran, miran la tele, compran lo que ven en la tele, respiran, meten a sus bocas la droga que han visto en la tele y siguen mirando la tele para vivir imitándola.
Escribir porque amo mi andar, porque no soy un artista de la palabra sino un creador como cualquier otro que va sembrando sueños e ideas por aquí y por allá.
Escribir para descubrir una manera, una forma diferente de fluir y no meter mis palabras en otra caja china, en un envase más, en una estructura prestablecidamente estética y perfectamente asible.
Escribir para seguir creyendo que es posible respirar de otro modo, que aún hay más formas de generar un discurso y, por ende, una identidad, una manera de ser y permanecer en algún plano de realidad.
Escribir para generar realidades posibles, no sólo matizar y cambiar fotografías como en photoshop sino crear nuevas maneras de mostrar la imagen.
Escribir porque de madrugada, cuando termino de ver la misma película de siempre, mientras mi familia duerme, necesito decir: no les creo a sus post en facebook, la máscara está tan encarnada que al final sólo  hay impostura y vacío.
Yo escribo hoy, como hace años, escuchando caer la lluvia, mirando pasar a los nocturnos, huyendo del sueño o supliéndolo por letras.
Escribo para escuchar el sonido de mis dedos en el teclado, extrañando el golpeteo de mi olivetti, reconciliado con la gente querida porque ahora puedo escribir en una tablet sin hacer ruido.
Y sigo escribiendo porque en estas noches, en que no puedo dormir porque mi cuerpo no se cansó tanto como los días anteriores, me ganan las ansias y quiero extender mis brazos hasta tus ojos para mirarte y agradecerte que me dejes entrar en tu casa, en tu andar y en tus días, sea con un cuento, con un texto, con un malabar o, simplemente, con el atisbo de una sonrisa.
Escribir como respirar, a veces pleno y otras con todo o gripa, escribir entonces para vivir, como contar y hablar, como viajar y conducir, como comer o comprar, como el virus llamado cultura que respiramos pasivamente, como analgésico, relajante o antibiótico. Pero mejor no, mejor escribir para auscultar y determinar, poco a poco, cual es la propia enfermedad

11/04/2013

¿Cuánto y cuánto más arranca con una gota de sangre derramada?

La violencia desmedida en los últimos años se ha convertido en el escenario cotidiano de México. No entendemos bien a bien en qué momento comenzó, ni de qué forma las calles, las carreteras, los negocios y a menudo nuestros barrios se llenaron de uniformados diversos, encapuchados o simplemente tipos grandes y rudos portando armas largas. No puedo hablar de sus rostros, porque si van al descubierto es imposible sostener la mirada, el cuerpo entero se estremece y uno elige mirar a otro lado.
Porque las pistolas, metralletas, fusiles y demás tienen una única función. Las armas únicamente sirven para matar, para acabar con la vida de otro. No sirven para cuidar, ni salvaguardar, no sirven para otra cosa más que para disparar y cada bala, cada disparo está diseñado para lastimar a un ser viviente y, de preferencia, acabar con él.
Sin embargo, el negocio de la muerte y las armas no es sólo para quien las elabora y vende, las compra, las usa o echa mano de ellas para amedrentar a otros. El negocio de las armas va más allá, porque su existencia genera violencia y con ella una forma de vivir, un imaginario completo y un mundo nuevo, con sus estructuras y maneras.

La primera vez que vi a centenares de uniformados con armas largas apuntando hacia la gente fue en Xalapa, una tranquila ciudad de provincia, habrá sido por 2006 cuando se soltó el rumor de que habría una golpiza pública contra los “Darks”. Nunca había visto uno de esos, pero circularon incitaciones para todos los chicos de secundaria y preparatoria por internet, celulares y mediante pequeñas fotocopias que nadie sabía bien a bien quién repartía ni de dónde venían.
El viernes por la tarde, todo el parque central estaba rodeado de camionetas de policías con armas largas que apuntaban a cualquier persona que se acercara.
Al mismo tiempo, en pueblos cercanos detuvieron a varios chicos.

Y así comenzó, como una broma, como una supuesta golpiza de imaginarios grupos de jóvenes. Y luego no fue más que cotidiano ver armas largas en manos de gente encapuchada, escuchar tronidos por acá o por allá, saber que algún ex compañero de escuela desapareció, escuchar rumores y ver camionetas, tanques y demás como parte del paisaje de una ciudad.

Llevábamos años y años de ver en la mayor parte de las películas pistolas y armas, de mirar en la televisión armas para darle fuerza a las escenas. Guerras donde la supuesta supremacía dependía por entero de las armas, fue una campaña enorme para hacer de las armas un objeto cotidiano, no sólo para soldados y gente violenta, sino para que los niños jugaran con ellas, las pidieran en navidad y cosas como el gotcha se vendieran como diversión en pleno.
Ahora nadie se detiene ni un segundo a reflexionar acerca de la violencia y las armas, al prender la tele aparecen imágenes de asesinatos, de gente armada; en el internet; en los video juegos y en nuestra vida cotidiana. Más cerca aún, centenares de escuelas públicas mexicanas reciben con beneplácito a diario camionetas con hombres uniformados y armados. Así, diariamente nuestros hijos (niños y jóvenes) se relacionan con esos objetos, con esos sujetos y con esas acciones que, por ahora, se omiten.

Supe que mi compañera estaba embarazada en un retén de la marina. Cuando entrábamos a un pueblo y nos detuvieron encapuchados, fue justo en el momento en que uno de ellos le apuntó cuando pude mirar cómo su cuerpo se enconchaba en el asiento, cómo protegía su vientre. Al día siguiente una prueba casera nos lo comprobó, pero yo lo sabía, su cuerpo lo develó.

Más que el cómo llegamos a esto, mi preocupación es ¿por qué? No sé exactamente quién gana de la política del miedo, de la producción sistemática de violencia. Sé que hay un auge enorme de libros que hablan de eso, sé que la mayor parte de la televisión y el cine que se producen usa las armas y la violencia como eje, tema o, al menos, paisaje. Sé que yo mismo me enfrento al problema de escribir sobre violencia y, con ello, seguir alimentando esa idea.
Y  ni mencionar noticias, rumores, charlas de café o de mesa donde el tema es a quién secuestraron, cómo iban los encapuchados o de qué tamaño eran las armas.

La industria del miedo y la violencia es la más mainstream, la más globalizada o, quizá el vehículo de la ideología imperante. Por supuesto, somos actores inconscientes de este mundo. Desde hace años las ideologías imperantes llenan nuestra realidad cotidiana sin que nosotros podamos hacer nada más que encender la tele, emplearnos en algún sitio a cambio del dinero necesario para descansar mirando la tele. Y absorber pasivamente lo que emulamos en nuestros días.

Aldo Peralta

La violencia que, sin darnos cuenta, permitimos en el pasado es la muerte que lloramos hoy y, si no nos detenemos un poco, será la forma del mundo futuro, que permitimos con nuestros actos inconscientes de imitación y nuestros enormes silencios.

10/28/2013

Los nuevos pobres


Martín Corona Alarcón

Los nuevos pobres tienen televisión, la más grande en el centro de su casa, como eje de su voluntad.
Los nuevos pobres no ansían saber ni poder, ansían robar, sentarse a ver la tele y ufanarse de ser ladrones.
Los nuevos pobres son gordos, pero viven desnutridos; no conciben alimentarse porque se llenan de refrescos y alimentos procesados.
Los nuevos pobres no tienen “llenadero” siempre quieren más y más, no importa qué, ni cómo, ni porqué, sólo más.
Los nuevos pobres sólo anhelan dejar de ser pobres,  para eso se esfuerzan en hacer más pobres a los otros pobres.
Los nuevos pobres salen en familia los domingos a llenar el carrito al supermercado con cosas que no necesitan.
Los nuevos pobres no hablan, gritan o murmuran entre dientes, no abrazan ni besan creen que el abuso es amor.
Los nuevos pobres pelean por el dinero, mas nunca invierten ni piensan más allá de en cómo gastar más y más.
Los nuevos pobres no soportan el silencio, llenan el ambiente con cualquier ruido que salga de sus radios, televisiones, reproductores.
Los nuevos pobres creen en el amor de pareja como eje de su vida, viven destruyéndose entre sí con ese pretexto.
Los nuevos pobres son egoístas, trabajan más en destruir al otro que en construirse a sí mismos.
Los nuevos pobres no leen, ven televisión; no crean, imitan; no comen, consumen; no viven, son zombis.
Los nuevos pobres no buscan trabajo, quieren un empleo donde ir a derrochar su tiempo y que a cambio les paguen muy bien.
Los nuevos pobres le creen más a la tele, el radio, la prensa o el internet, que a sus propios ojos, a sus emociones y percepciones.
Los nuevos pobres se quejan de que les cambien el horario, suban los precios de sus alimentos, cambien las leyes que los rigen, pero siguen pasivos a la manada dentro del cerco.
Los nuevos pobres lamentan la devastación de su planeta, pero pavimentan toda tierra a su alrededor.
Los nuevos pobres tienen dinero y lo gastan, pero siempre se sienten vacíos.
Los nuevos pobres tienen metas claras: ser rubio, ser bello, ser rico, ser exitoso, ser poderoso, ser delgado, ser como el protagonista de la última película de Hollywood que vieron.
Los nuevos pobres se quejan, se lamentan, se estresan, se enferman, se mueren en  vida, pero no hacen nada para cambiar la situación.
Los nuevos pobres creen en la política que no entienden, tienen fe en que yendo a votar cambiará algo significativo en sus vidas.
Los nuevos pobres se encomiendan al Dios de los judíos, pero al Dios histórico, no al creador de los bancos.
Los nuevos pobres defienden a capa y espada cosas que no entienden, ni intentan descifrar: el progreso, la democracia, la libertad, sólo porque les han hecho creer que deben hacerlo.
Los nuevos pobres ponen sus esperanzas en competencias arregladas, en guerras falsas, siguen con fe ciega a un bando, a sabiendas que el verdadero ganador es el dueño del espectáculo o las armas.
Los nuevos pobres compiten contra otros pobres como si ellos fueran el enemigo y no sus iguales.

Los nuevos pobres son incapaces de atentar contra su pobreza, contra quienes los someten,  sueñan con ser como ellos y tener a otros pobres a sus pies.

10/14/2013

Algunas mañanas...

...las cosas son más verdes. Como aquella en que sin darme cuenta despertaste a mi lado como si te hubiese traído el primer rayo de sol o te hubiese olvidado la luna.
Algunas veces la vida es más azul porque nos espera el auto para seguir viajando, porque respiramos profundo antes del siguiente salto, porque pesé al miedo ahí vamos andando y abriendo corazones e inventando afectos que duren más que unos pesos o que el tiempo o las distancias.
A veces los días son blancos y me dan ganas de darle las gracias a todos sólo porque puedo ser para sus ojos. Agradecer que no se mal entienda que vivir al margen, no es vivir fuera. Comemos en la misma mesa, compartimos el pan y el calor del fuego aunque nuestros ritmos sean diversos se acompañan, se acompasan.
Habrá días nuevos, con sueños vueltos voces y música, ya vienen los días nuevecitos con su cara de domingo, con su emoción de fiesta.
Claro que hay días tristes, de engorrosas filas y largas esperas, pero esos no cuentan sirven sólo para agarrar fuerza para los otros días 

10/13/2013

12 de octubre

Soy el arma y el asesino, la sangre regada y el muerto.
Soy mexicano hijo de padre asesino y de madre enlutada por los suyos.
Soy occidental en mi hablar y mi pensar y digno heredero de saberes antiquísimos en mi comer y mi ser.
No puedo juzgar a mi abuelo asesino, ni entender a mis abuelas tan distintas.
Amo lo que soy hoy, hasta aquel dolor que durante cinco siglos me trajo acá.
Nada anhelo más que leer las piedras, que volver a cantar y contar con la lengua de los verdaderos sabios.
No sé si a ello estoy destinado, pero sé que soy parte de eso que no entiendo y que el castellano no tiene formas de nombrar.
Más que americano, mexicano, latino o cualquier otro invento, en mí están los secretos bullendo por abrirse.

Martín Corona A.



10/01/2013

Un meme explicado es como...

(Versión del sabio cuento del Mulá Nazrudín)

Un gran escritor de memes y breves status de Facebook y Twitter celebraba su primer salida a la calle en 10 años. Él mediante frases hirientes y ácidas, había logrado más de un millón de likes, retwitts y muchas otras maravillas de la empatía humana a través de medios electrónicos.
Era gordo como una ballena, con la cara atascada de acné y su piel despedía un profundo y añejo olor a grasa de pollo. Entre los miles de fanáticos que se habían dado cita en el bar, uno en especial lo esperaba con nerviosismo y determinación. Era siempre de los 5 primeros en darle me gusta a sus post, pasaba despierto toda la noche espectante de sus publicaciones y defendía a como diera lugar la originalidad y el estilo de su héroe.
Así que la fila de fanáticos afuera del bar daba la vuelta a tres manzanas. Todos pendientes por medio de sus teléfonos y tabletas de cada foto subida, de cada frase, de cada movimiento. El Gran Post (como se hacía llamar nuestro héroe) odiaba las transmisiones en video. Luego de 5 horas tocó el turno del pequeño y delgado fanático.
- Oye, ¿me puedes explicar que quería decir el meme que subiste el 5 de abril a las 03 con 32 minutos? Es que es muy...
La voz pequeñita y casi apagada del Gran Post dijo:
- Con gusto, pero ¿no te gustaría tomar un whisky?
- Sí, pero me explicas, por favor es que...
Y mientras el pequeño fanático seguía parloteando, el Gran Post tomó una botella pequeña y sirvió una copa.
- Entonces me explicarás...
- Sí, claro, a ver yo te explico lo que gustes, pero, ¿no te gusta con hielo?
- Sí, sí, pero...
Entonces el héroe, con toda la calma y parsimonia que cabía (y era mucho lo que cabía en ese gran cuerpo), pidió una bandeja con hielos y colocó tres en el pequeño vaso. Volteó a mirar a su fan con la sonrisa digna de la pintura de un ángel y escuchó:
- Mira decía algo así como que cuando tú sientes o piensas...
- Oye, pero sería mejor que le pusiera un popote, así ya no tendrás que complicarte mucho.
- Pero yo sólo quiero saber qué quisiste decir en el...
- Ahora lo arreglo.
Llamó al mesero y le explicó con toda calma, esperó mirando al techo con una concentración profunda, parecía un monje budista en contemplación, así lo imaginaban todos sus seguidores mientras re pensaba la frase precisa y la redacción exacta. Le puso el vaso en la mano, con hielos, con popote, con mucho cuidado.
- Mira lo que me pareció a mí, fue que...
De súbito, con un movimiento inesperadamente rápido le arrancó el vaso y lo bebió de un sorbo masticando al final los hielos. Tragó. Espero unos segundos, volvió a su contemplacion y todo su cuerpo estuvo preparado para exhalar un eructo. Entonces, mediante un  rápido "acto reflujo", vomitó el líquido al vaso, dejándolo casi lleno con una extraña mezcla de sustancias gástricas.
- Ahora, amigo, si tú te bebés este trago, yo te explico el meme que quieras.
- Eres un... un... ¿por qué me haces esto?
- Es simple amigo, un meme explicado es lo mismo que un trago vomitado.
Y ante el desconcierto de todos, se escuchó quedo: "el siguiente".








9/28/2013

Otra sobre el varito, el billete, la dolariza y demás mentiras para el control total del homo sapiens

Vemos como absurdas,  estúpidas y sin sentido a las sociedades que creen en los dioses de piedra, en palos totémicos a los que les consultan cada movimiento de su comunidad. Miramos a la Edad Media Europea como una imagen de atraso total porque atribuían todo a un Dios con reglas meramente humanas. Nos burlamos de cómo las comunidades aborígenes de tal o cual sitio rechazan por sistema mucho de lo que nosotros vemos como progreso o modernidad.
Sin embargo, nada hay de autocrítica, somos incapaces de vernos desde un sitio diferente al de nuestros zapatos. De hecho, asumimos con frases como "ponerse en los zapatos del otro", que toda persona usa o debería usar zapatos.
Al igual que los ejemplos citados, la humanidad del mundo globalizado vive absorta y fanática de un imaginario, un invento social, de una convención sin otra base que la fe ciega de todos los integrantes de esa supuesta gran comunidad.
El valor de las cosas en nuestra cultura no está determinado por su utilidad, ni por aquello que puedan aportar al mejoramiento de la vida de alguien, el valor máximo del mundo global es sin duda el dinero. Todo se mide en dinero, tu capacidad de trabajo, el ascenso social, la inteligencia debe ser proporcional al dinero que ganas. El placer más grande de nuestra cultura es gastar, pasas 6 días de la semana encerrado trabajando para tener un día libre en el que puedas gastar aquello que ganaste.
Claro que el trabajo actual poco tiene que ver con sembrar, cosechar o cuidar de animales, somos una complicada maquinaria de absurdos que jamás cuestionamos. Trabajamos en comprar y vender objetos que son decorativos, trabajamos en diseñar o planear cosas que no son reales, que no son físicas, trabajamos muchos (cada vez más) en seguir engrandeciendo un mundo falso, que sólo existe en nuestras cabezas, en pantallas, en cuadros de irrealidad.
Y en ello se nos va la vida completa, en trabajar con miras a tener dinero, no a producir, no a crear, no a generar, sino a ganar dinero para poder gastarlo. Y es una trampa, porque no hay dinero capaz de comprarlo todo, ni tampoco se puede comprar aquello que necesitas en realidad. Además el dinero es sólo una convención social, no vale en sí mismo, sino que vale porque tú y yo creemos que tiene valor.
Alguien muy informado dirá de inmediato que no es verdad, porque el dinero es oro guardado y el oro sí tiene valor. Y aquí yo me agarro la panza para reírme, porque el oro es exactamente lo mismo que cualquier otro elemento mineral: tierra. Y la tierra en sí misma no es de nadie. La tierra donde está el oro es la casa de animales y plantas, de minerales y quizá tuya si la habitas, pero no tiene dueños, no en realidad.
Sin embargo, a alguien muy inteligente se le ocurrió que podría hacerle creer a los demás que era el oro la medida para crear un sistema de intercambio más "justo" y sí, es justo para quien lo creo. Luego vino el tema de hacer billetes, monedas, de hacerle un valor subjetivo. Ahora vivimos en el extremo del sinsentido porque tenemos una tarjetita que dice mediante un sistema virtual que tenemos o no "dinero", el cual nunca vemos en físico. Es decir, trabajamos como estúpidos de 8 a 16 horas al día, descuidamos a nuestra familia, nos perdemos del sol diario, dejamos de vivir a cambio de... números en una pantalla que intercambiamos por cosas que no son indispensables para nuestra vida.
¿Vivimos realmente cuando dejamos que nuestra vida -lo único que tenemos en realidad y en cualquier momento se puede acabar- transcurra detrás de un absurdo, de una mentira colectiva?
El humano es el único animal capaz de creer en absurdos, dar su vida por ellos y transformar su entorno, destruyéndolo todo a partir de eso. Por eso siempre es bueno hacer un alto y no ponerse en los zapatos del otro, sino dejarlos ahí botados y ver cómo si no los tengo puestos, los zapatos no funcionan, solos carecen de todo sentido. Porque eres tú quien le da sentido a los absurdos que te acorralan y te esclavizan.

9/03/2013

Pepe González: "Tío Pepe, Pepino y el Coro del real"


Pude platicar largo y tendido con Pepe González, el pretexto fue hacerle una entrevista para el programa  Juglaria Radio. Una maravilla todo lo que comparte ese músico, divertido y amable. A él le debemos los  jingles del Instituto Nacional del consumidor, la idea original de los anti comerciales y  una serie de canciones para niños pensadas contra el consumo masivo y sin reflexión. Eso pasó en los 70 y 80, no ahora que parece moda hablar mal de lo que comemos a diario, de la tele que vemos, pero solo hablar mal como para darle publicidad, porque nadie deja de consumir tanta porquería.
A diferencia de lo que pasa ahora, Pepe propone opciones reales en cada canción, música para niños de calidad, con contenido, divertida y, sobre todo, con mucha calidad es sin duda el trabajo de este músico ciego.


Me resultó molesto saber que tiene poco trabajo, darme cuenta que a nuestros viejos los olvidamos con una facilidad terrible, sea porque los jóvenes sienten que son mejores o más capaces o simplemente porque no aceptamos nuestras raíces. Quizá por ello es que siempre caen al suelo las propuestas cuando llegan a cierto punto, porque si no hay una fuerte raíz, si no valoramos los cimientos, cuando echan el segundo piso se cae la casa.
No sé exactamente cómo o porqué llegué a esto, pero me encanta agradecer a los que abrieron brecha, a la gente maravillosa que hizo cosas extrañas y locas, que ahora son base para poder hacer otras como música para niños, cuenta cuentos o trabajo escénico diverso y divertido. Gracias Pepe González por tu labor, por tu ingenio y maravilla.
Aprovecho amigos para dejarles aquí el correo de Pepe, para contrataciones en escuelas, ferias del libro, festivales de música, les garantizo que no se arrepentirán. Y claro, como buen agregado que soy, ya le propuse hacerle los títeres en su show, de modo que igual nos pueden contratar juntos y así yo podré aprender más del maestro. 
Pepe González:  pepetigre43@gmail.com


Aquí el productor Emmanuel "Meme" del Real, miembro de Cafetacvba de unos 13 años, como integrante del Coro del Real, con su Tío Pepe González.




























Un clásico de la música alternativa para niños de México:
http://www.youtube.com/watch?v=0PEQY1cQjKg&feature=share&list=PL25CC06C392B66ADD