9/27/2014

La última lágrima de Stefano Benni

Si te acercas a este texto pensando que hablaré del libro o el autor, 
que haré una semblanza que te sirva para la clase o para tu tesis. 
Atrás aventurado internauta, desiste de tu empeño. 
Narraré una serie de eventos afortunados que me hacen hoy 
tener en las manos un ejemplar nuevo de este libro 
en su versión al castellano aquí en México y concluiré 
haciendo pública una promesa personal. 
Si aún así, decides adentrarte a los devrayes ególatras 
de este cuentero, pasa sin tocar.


La noticia de una traducción al castellano de los nuevos cuentos de Benni me llegó a Facebook junto con un adelanto del primer cuento: Papá en televisión. Como siempre quedé fascinado por la rapidez y locura de esa narrativa. Así que me dispuse a buscar el libro. Primero en librerías, pregunté en algunas, busqué vía internet en otras y todas coincidían en lo mismo: “tenemos otros títulos de la colección, pero ese no nos llegó”. O alguna variante estilo: “me aparece en el sistema, pero no hay físicamente en ninguna de nuestras sucursales”. Y así la búsqueda en librerías mexicanas, de mi región, de otras y el consabido consejo de los amigos: “cómpralo por internet, en amazon o en… esta, ¿cómo se llama?” Y cuando les preguntaba si alguien había comprado libros por alguna de esas páginas la respuesta siempre fue la misma: “no, pero dicen que…”
Y entonces vino un viaje a Argentina. Calle Corrientes con sus largas calles repletas de tiendas de libros, con su oferta gigante de alteros de libros baratísimo, otro en descuento, otro más de libro usado a precios razonables y las enormes librerías nuevas con ese aire europeo que le vuelan la cabeza a propios y extraños. Busqué y busqué nada, ni en los nuevos, ni en los usados, ni mucho menos en los saldos hubo nada. Eso sí aproveché para conseguir algunos título de César Aira en Beatriz Viterbo, compré alguna que otra rareza como La historia de una Vaca o la leyenda de un luchador argentino narrada por su nieto. Muchas historias delirantes y divertidas. Pero del corrosivo humor de Benni, nada.
Pasamos prácticamente un día recorriendo Corrientes y sus alrededores, comimos ñoquis con salsa, supremas, milanesas y ensaladas de dos rebanadas de tomate, dos hojas de rúcula y algo de lechuga, bebimos el único café que se parece al de México allá, el de esas cadenas mundiales que en cualquier sitio hacen que sientas un poquitín menos de nostalgia y  cuando todo comenzaba a cerrar, cuando los letreros del metro encendieron, mis acompañantes agotaron su paciencia ante el dolor de pies y el frío calahuesos del agosto bonaerense.
“Sólo un par de librerías más, sólo esta calle y ya volvemos”. Las chicas desistieron y se quedaron sentadas en alguna cafetería, tomando un expreso en jarrito con su dosis de agua mineral. Yo no entendía por qué la literatura me hacía esta mala pasada. Buscar La última lágrima en México, en Argentina y no hallarla. Las últimas horas pensé, creí que los muchachos de Lengua de Trapo habían colocado el nombre sólo por no dejar, que habían hecho un tiraje de 10 ejemplares para decir que el libro salió y que procedieron a su trituración inmediatamente después de la rueda de prensa y presentación del ejemplar. Estaba muy molesto.
La última librería era más como un bazar, con viejísimos ejemplares de Losada, Austral y primeras ediciones de sellos bastante extraños. Creí todo perdido cuando le pregunté al dueño, ni siquiera me respondió, alzó la mirada de la pequeña pantalla que miraba mientras chupaba su pucho una y otra vez. El gordo no me entendió o, como muchos vendedores, hizo que no me escuchaba ante mi facha de  migrante boliviano o paraguayo.
Volvía con los hombros caídos y molesto, muy molesto, cuando mi acompañante me dijo: “mira, acá hay unos libros en italiano”. 
Voltee y lo vi. Ahí estaba en la edición económica de Feltrinelli: “L´Ultima Lacrima”. Abrí el libro para constatar que iniciara el cuento que conocía, descubrí que algunas cosas en italiano comprendía (benditos semestres que repetí en la universidad por amenazar al hijo del profe de latín). Y luego, chequé cómo estaba subrayado, tenía marcas de haber sido usado para alguna clase de traducción, palabras con su correspondiente en castellano-argentino, marcas sólo en un relato. No lo pensé y lo compré. El precio fue bajísimo pero levantó mi ánimo, si no podía tener la traducción, la haría yo mismo.
Regresé a casa de nuestra anfitriona con el ánimo contrariado. Hallé el libro, existía el original, lo tenía en las manos, pero no en castellano. El esfuerzo sería grande y había que comenzar ya mismo.
Tomada del sitio oficial del autor
https://www.facebook.com/LupoBenni

Trate de entender cada cuento, pero entre el cansancio, el frío y toda la gira de cuenta cuentos que se avecinaba me venció el cansancio y lo dejé para la vuelta a México. Así pasaron los días, entre escuelas, bibliotecas, viajes al sur y al norte de aquel enorme país. Una semana antes de volver, mientras esperaba que nuestra anfitriona terminara de dictar su taller de Narración Oral en la biblioteca de Morón salí a checar las librerías cercanas, una de descuentos que ya me había aprendido de memoria y otra, en la cual se juntan libros nuevos con usados. Busqué cómo siempre en los apellidos de los autores que me interesan y, simplemente, ahí estaba.
Mojado, casi desprendidas algunas páginas, con restos de moho, algo apestoso y con el lomo hinchado y torcido. Era el libro que había buscado por tantas librerías, en los anaqueles de segunda mano. Lo tomé con incredulidad y no lo solté, no lo solté para nada hasta que llegué a pagarlo en caja. Fue baratísimo.
Corrí a contarle a mis compañeros. Con la emoción creyeron que nuevamente la gendarmería me había pedido mis documentos, la pinta de indio americano en Argentina es casi un delito. Pero no, lo vieron con cierta incredulidad, ¿cómo lo conseguiste? Preguntaron y me deleité volviendo a contar esta historia.
Fue el mismo viaje en que me tomé al escritor César Aira en Plaza Rivadavia, dos días antes de que volara a México. El viaje que me llevó a recorrer mucho del país, un viaje maravilloso sin duda.
Un par de años más tarde me encontré ese mismo libro en México, en la Librería Rosario Casellanos. Estuve a punto de comprarlo, pero era carísimo. Desistí a cambio de algunos álbumes ilustrado y alguna que otra cosa.
La obra de Stefano Benni no llega a México, los ejemplares que te toparás son de La cofradía de los Celestinos en Ciruela, últimamente su versión narrada para chicos del Cyrano y ya. Las novelas que editó Norma en Colombia aparecieron y se esfumaron de las librerías. Quizá Terra en alguna edición antigua, pero no más. Sus cuentos de El Bar en Fondo del Mar llegaron en la colección de Seis Barral baratísimos, se vendieron y desaparecieron para siempre.
Y lo entiendo, es un escritor irónico, duro, pasa de ser cómico a hacer retratos durísimos que ofenden a la ideología mexicana o, simplemente, caen en ese tipo de confesiones que la idea latinoamericana del mundo hace como que no pasan. Su manera de mostrar una sociedad estratificada y estúpida no le viene bien al lector común. Alguna vez, cuando trabajaba en librería, compartí mi gusto por Benni con críticos literarios, cuenta cuentos, otros escritores y su respuesta fue siempre la misma: “no entro, no me gusta”.
Quizá no estamos acostumbrados a leer cosas que nos inquietan en verdad. Lo cierto es que lo conocí por Caterina Camastra, gran amiga y gran lectora. Ella vino muy joven a México, a estudiar, a conocer y se enamoró para siempre de este país.
Ante tal ausencia de libros de Benni, una tarde compré un ejemplar de La última lágrima en Mercado Libre. Llegó muy bien, casi nuevo el ejemplar y… vaya sorpresa. Era el mismo ejemplar que había estado expuesto en la Rosario Castellanos.
Lo sé porque conserva la misma etiqueta que había visto con el precio un par de años antes. Lo sé porque en mis frecuentes visitas a librerías busco siempre a mis autores favoritos y no lo vi antes por ningún lado. Así que tengo dos ejemplares y ahora busco otro ejemplar de mi deshojado “El bar en el fondo del mar”.


Y para cerrar deberé decir que no hay cariño sin correspondencia ni viceversa y aunque no hablo ni escribo el italiano, sé que Benni me ha respondido algún que otro comentario por Facebook y aunque sus editores o quizá el mismo se escandalice cuando lea esto, haré un espectáculo para jóvenes y adultos con sus cuentos. Algunos de ellos ya los contaba para niños antes y, ahora, llevaré  estos delirios, esta visión diversa y contestataria de un mundo unívoco y absurdo a los oídos de muchas personas que aún no saben el gusto que tendrán por una literatura diversa y nada insípida.

9/07/2014

Con El Payaso Maldito


Un personaje nacido de la necesidad de criticar tanta vulgaridad. Con su humor de anti héroe y su necesidad de unas monedas a cualquier costo.
El Payaso Maldito busca ejemplificar cómo llamamos humor a la discriminación, a la burla y la anulación de lo diverso.
Muy pronto conocerán mucho más de este singular personaje.

8/14/2014

Bajar un cambio

Nada es tan difícil como detenerse. No hay freno que resista un camino constante, fuerte, firme y de pronto el golpe. De inmediato aparece el aroma a balata quemada, la sensación de que el pedal se hundirá hasta el fondo y no habrá más que un golpe seco. En un camino sinuoso en el cual es difícil ir lento, administrar el motor y el freno es lo más complicado.
Eso mismo nos pasa.
Vamos a una ciudad, trabajamos en su Feria del Libro, en sus escuelas, realizamos algún proyecto que nos requiere ocho, diez o doce horas. Acabamos exhaustos y al día siguiente, antes del amanecer, hay que enlazarse a radio, hablar de lo realizado y estar pendiente.
Y nuevamente dar todo en el escenario, en talleres, en un texto e incluso en una propuesta para más trabajo.
Y así se vive. No se gana ni se pierde. No hay mediación económica en este asunto. Porque si esperamos a que paguen lo que hacemos nos quedaremos como la mayoría: "entrenando", "ensayando" y con las ganas perennes de dar un paso hacia el público.
Así que no importa si el cierre de un viaje se junta al día siguiente con el arranque de otro proyecto. Ahí vamos como juglares abriendo caminos, compartiendo el andar y todo bien.
Pero de pronto hay que detenerse.
No hay viaje.
Aparecen los domingos, los lunes. Aparecen las cuentas, ordenar nuevos rumbos. Bajar un cambio o dos o tres, bajar por salud y por necesidad. Entonces el cuerpo comienza a doler y la mente va muy rápido.
Es necesario reunirse con amigos y hablar tonterías, charlar todo lo posible y si es posible comer con mucha calma, beber un poco y hacer el bobo. Pero nunca es demasiado tiempo y unas horas más tarde la mente viaja al mismo ritmo que el auto en el camino y entonces aparecen las letras.
Hay que hacer proyectos, cerrar otros, charlar con amigos y echar palante todo lo que fue quedando atrás.
Ideas como vacaciones, descanso y demás las dejamos para otras estructuras de pensamiento, para otras formas de vida. Y no es queja, sólo que bajar un cambio cuesta y, a veces, mucho.


Foto: Aníbal del Rey Alvarado

7/29/2014

Infancia

Los humanos creamos la infancia sólo para destruirla tiempo más tarde. Cuando tuvimos demasiado tiempo libre, gracias a las máquinas y procesos mecanizados hubo que entretenernos. Hubo que inventar muchas cosas.
Arte, infancia, educación, ideas vueltas comportamientos y procesos medio incomprensibles, medio inasibles.
Ahora que se coronan como únicas y válidas esas invenciones, entonces son necesidades, derechos y entonces se vuelven privativos para un sector social, para algunos países, para un puñado de personas.
Ahora la infancia es un pretexto más para el consumo, una manera de llenarnos de productos transformados. Más allá del niño está el consumo masivo de productos que les dedicamos. 
La 14 es sin duda muestra plena de un mundo de "sueños y color" que apesta a pescado podrido.

5/03/2014

Los humanos no generamos conocimiento alguno

Imitar, imitar, de mi raza la razón es la pura imitación.

¿Cuánto tinte para ser aceptada, 
una falsa güera oxigenada?

¿Cuánta ropa sobre tu piel  para pertenecer?

Con tus jeans de mezclilla como un buen esclavo, 
de lino, lana o casimir traje de capataz vas a vestir,
con ropas ligeras muestras lo que tienes a la venta.

No pienses, no piensas, 
sólo imitas lo que ves 
andas las mismas sendas.

Llamamos cultura y educación 
a la dictadura y su imposición.

Imitar, imitar, de mi raza la razón es la pura imitación.






5/01/2014

Abril es el mes más pinche

El día del niño de este año fue sin duda el mejor de todos los que he pasado como trabajador infantil. Muchas veces lo dije en tono de queja: abril es el mes más pinche.
Porque en abril todos quieren actividades para niños, sin importar qué ni cómo pero sí cuánto. Es decir, funciones a destajo por aquí y por allá, competir contra botargas de Disney, contra payasos groseros y mal encarados, comprtir por una chamba más contra compañeros, desgastarse con decenas de funciones y terminar enfermo, cansado y molesto.
Este año no fue así. No teníamos casi nada para ese día porque subimos los costos. Nadie en Puebla nos contrató para el 30 de abril al precio que propusimos. Así que dimos al final 4 funciones, unas a precio ridículo otras a precio oferta y una que cada año hacemos.
Pero esta vez sin prisas. Sin competir contra nada ni nadie. Recién desempacados de Brasil y con mucho dominio del escenario, claros en cuanto a lo que queríamos decirle a los niños y los adultos. 
Un día lindo, en que pudimos disfrutar cada momento de la función, este año abril no tuvo nada de pinche.
La foto fue tomada en una escuela de Fortaleza, Brasil. Maravilloso recorrido con entrañables amigos y chicos geniales que nos dieron clases de ritmo.
Aún seguimos fuerte con los festejos, este fin de semana iremos a Kani Tajín a estrenar los Cantos y Cuentos de El Juglar.

4/23/2014

Decálogo de la Estupidez de la Sociedad Actual

10 cosas estúpidas de la sociedad actual


Martín Corona Alarcón

Las redes sociales se han dado a la tarea de crear decálogos de lo más “interesante”, con la fina intensión de que logres distraerte 10 o 20 minutos, metiendo en tu cabeza información absurda y sinsentido disfrazada de útil e innovadora. Desde las diez mejores marcas de autos para chocar sin fallar en la muerte inmediata, hasta los alimentos que jamás deberías consumir, pasando por los 10 pensamientos más imbéciles de un gobernante, las decisiones más estúpidas en pareja o los diez dichos que tus hijos deberán tener como mandamientos el resto de sus días.
Lo cierto es que en el mar de información absurda, falsa o simplemente desechable, no están enmarcadas aún las 10 cosas que hacen tremendamente estúpida a nuestra cultura actual. Todos hablan de globalización, cultura mainstream pero nadie se detiene a reflexionar en lo más simple, lo cotidiano, eso que marca los pasos de todos, las conductas y maneras de organizar la vida en lo personal, lo grupal y lo general.


El dinero

Sin duda el número uno de la estupidez humana actual. Este hijo de la propiedad privada es el eje de las conductas, roles y conflictos de la humanidad actual. La gente mata y se mata por el dinero, pasa la vida creando la manera de tener más porque cree que así será más feliz.
Sin embargo, cuando se tiene mucho dinero se requieren cuidados, formas y una dependencia total a ese estilo de vida. Y, finalmente, es algo estúpido porque no es real. Es decir, es una convención. Hace mucho tiempo a alguien se le ocurrió hacerle creer a todos que el oro, los papelitos, monedas o valores en el banco pueden traducirse en bienes de la vida diaria y el resto lo creímos, lo creemos y enseñamos a los chicos a creerlo.
Por eso el mundo es de quienes saben este secretito: la humanidad entera va tras un imaginario, tras un sueño absurdo. Basta que seas el dueño del símbolo de ese sueño para tener en tus manos a todo el hormiguero.


Las ciudades

Los humanos somos mamíferos, animales como cualquier otro en realidad. Sin embargo, somos capaces de creer y crear cosas, por ello creemos en absurdos tales como que se vive “mejor” en grandes concentraciones de humanos.
Las ciudades alejan a las personas del campo, de la naturaleza, del agua, de la comida, del aire. Y cuando son muy grandes gastan miles y quizá millones de horas de trabajo humano en traerles hasta sus casas en la ciudad: comodidad, cosas naturales, agua, comida e, incluso, limpieza de su aire.
Los hormigueros son formas funcionales de sociedades de insectos, pero las ciudades son un absurdo tal que decidí ponerlas en segundo lugar de este decálogo de la estupidez.

El trabajo

Nada más absurdo que “trabajar” horas y horas de tu vida en algo que no te deja un beneficio directo, sino dinero (vaya al primer absurdo) que además no te alcanza y, encima, vivir quejándote.
Si todos los que se emplean hicieran cuentas reales de lo que gastan sólo para tener un estilo de vida que les permita ser empleados, seguramente serían conscientes del porqué el trabajo está en tercer lugar.
Nota: el trabajo aquí es tomado como empleo, no nos referimos al trabajo de hacer de comer, fabricar la propia ropa, cuidar ganado u otros impensables trabajos directos. Ni mucho menos a las labores que te hacen sentir bien, tengan o no pago económico.

Las cajas

Nadie repara en que toda la cultura actual basa sus tecnologías y formas de agrupamiento en cajas (vaya a poema Cajas de Ángel Guindá). Y como nadie repara en ello, no sabemos porqué es así, damos por sentado que es la mejor forma o la única, sin embargo, en realidad es sólo otro supuesto social y cultural.

La realidad no real

Dinero, trabajo, ciudades son parte de la realidad no real que al convertirse en un imaginario social, es decir cuando todos creen que es real,  se convierte en eje de la sociedad. Lo mismo pasa con las artes, la política y muchas áreas del mamífero bípedo llamado humano.
Sin embargo, se ha llegado a un absurdo tal que se invierte tiempo, dinero y mucha energía en pantallas cuadradas que simulan realidad y, al final, no son reales, sino un campo de inacción.
Ahora mismo estás leyendo sobre la realidad real en un espacio de realidad virtual, falsa, irreal.


La educación

Y qué mejor manera de hacer que los humanos seamos algo no natural e inclusive opuesto a nuestra propia naturaleza que adiestrándonos. Es decir, la educación es una forma de meter en la mente y, por ende, en los comportamientos  y estructuras determinadas maneras de pensar y de organizar el mundo. Mucho más cuando se hace desde que son pequeños, así simplemente seguirán imitando esas maneras de comportarse y asumirán que su identidad es lo que se les impuso.
Pretextos habrá muchísimos, lo importante es “educar” a todos con las pautas necesarias para que sigan creyendo ciegamente en el dinero, el poder, la ciudad, etc…



Los roles de género y la lucha

Sin embargo, pese a todo eso, algunos mamíferos de los llamados humanos se rebelaban y trataban de hacer cambios en sus sociedades, llegando al punto de descreer en ciertas cosas de las antes mencionadas. Entonces inventaron la cúspide de la estupidez: los roles de género.
Hacerles creer que su complementaridad era una pugna, una competencia y, animales como son, se lían en eso. Y mientras discuten, compiten y se lastiman entre sí, todo queda igual. De manera que sus esfuerzos cotidianos y la energía que pudieran elevar al infinito queda desgastada en un absurdo polarizar su ser complentario mediante la idea de géneros, diferencias e incluso supremacía.


La competencia

A rio revuelto, ganancia de pescadores reza el dicho. Y nada más cierto, mientras los humanos vivimos peleando entre nosotros no entendemos que el sentido de toda lucha es absurdo, porque siempre hay un ganador por sobre los bandos. Por ejemplo: en toda guerra el verdadero ganador es quien vende las armas, en los deportes los ganadores son los empresarios, en la lucha del bien y el mal los administradores del dogma y un largo etcétera.
De manera de la competencia entre los humanos sólo beneficia a quien ha creado la pugna, mientras miles de personas se confrontan y le dan a ganara uno o, acaso un puñado de organizadores.


La libertad

Nada más estúpido que esta idea. Porque la libertad es sólo una idea, no es un estado de ánimo, ni una emoción, es sólo la idea. Desde el momento en que la idea de libertad es en lo social el opuesto a la de esclavitud, tendríamos que decir que para un humano Occidental del siglo XVI y XVII ser libre es: no ser negro, no trabajar de sol a sol, no ser vendido ni traspasado, no trabajar a cambio del alimento, no tener un patrón o dueño, etc.
En cambio se es libre en el siglo XXI cuando por propia voluntad: has terminado la universidad, maestría o doctorado, trabajas para un patrón que decide tus horarios y pagos, vives en un sitio que pagas con tu trabajo, si no trabajas no comes, entre más sirvas en tu trabajo mejores beneficios tendrás, si eres muy bueno en lo que haces otra empresa o patrón vendrá a comprarte (perdón, quise decir contratarte) para que trabajes para él.
De este modo queda demostrado por qué la libertad es el número 9 de nuestra lista.

El amor de pareja


La misión base de toda especie sobre la tierra es muy simple: preservarse. Es decir, la procreación para que la especie como tal prevalezca. Sin embargo, los humanos consagran su estupidez llevando esta misión básica a un extremo ridículo llamado “amor de pareja”.
Necesitados de dos caracteres (ver punto 7) los humanos hemos creado un enorme amasijo de ideas absurdas alrededor de un acto natural: convenios, ritos, mitos y sobre todo la idea de amor de pareja como eje de la energía de cada ser.
En el siglo XVIII, cuando las máquinas hicieron que la gente tuviera demasiado tiempo libre, la humanidad comenzó a ser Romántica y a pasar demasiado tiempo pensando en el Otro. Y así, en la actualidad películas, canciones, libros, televisión, en fin la creación humana en general tiene como uno de sus ejes el amor de pareja, cuando es algo tan simple, tan natural, tan orgánico como la propia necesidad de que la especie siga viviendo.


Sé que hay más muchas más estupideces en el mundo actual.
Sé que este decálogo será siempre incompleto, sin embargo, por algún lado hay que comenzar.
Con este breve texto celebro con beneplácito las creación de tantos decálogos que tan necesarios son al ejercicio de procastinar* cotidianamente en el devenir actual de la humanidad.



* Procastinar: siempre me he preguntado por qué le pusieron un nombre tan eufónico a una no acción tan absurda. En México usamos desde antes del neologismo: pen..jear, hacerse tonto  ma..r gallo. Por ejemplo: estoy aquí nomás ma..ndo gallo en la compu.

1/07/2014

Fábula del siglo XXI

Trajeron a un chamán venido de la parte más recóndita de la sierra indígena a una escuela en el centro de la gran ciudad. Entonces les pidió a los niños que por favor subieran al único árbol que tenía la escuela.
La directora y todos los maestros se opusieron  con argumentos como: “se van a lastimar”, “vamos a tener problemas con los papás” y cosas por el estilo.
El sonriente chamán les dijo que no se preocuparan y entonces soltó la frase: "al primero en subir a la copa del árbol le daré un montón de dinero".
Corrieron cientos de chicos, se golpearon, se lastimaron, se aplastaron. Al principio los maestros trataron de evitarlo, pero cuando el brujo reiteró: “mucho dinero para quien logre subir”, entonces cada uno eligió a un chico a quien apoyar, asistir, cuidar para que ganara.
Cuando quedó una decena de niños la batalla se volvió de los adultos que, a empellones, jalones y amenazas, trataban de subir a su alumno predilecto.
Al final un chico lo logró, apoyado por la directora.
El chamán le entregó una bolsa llena de billetes. No cabían de gusto, sin importarles los golpes propinados, el montón de raspones, arañones y uno que otro diente en el suelo, abrieron la bolsa.
Pero cuál fue su sorpresa al descubrir sólo billetes de hacía más de 50 años, todo ese papel no tenía ningún valor. Acaso algún coleccionista les pudiera dar algunos pesos por ellos.
La señora directora estuvo a punto de golpear al sabio, quien sin quitar su sonrisa estúpida le dijo: “querían ganar por encima de los demás, ahora tendrán que pagar por el daño que hicieron por pasar sobre ellos. En realidad, siempre es así, pero ustedes no pueden darse cuenta”.
El chamán se fue y la directora junto con todos los maestros decidieron cortar para siempre el único árbol de la escuela, por mera precaución.

12/30/2013

maíz

Estoy investigando acerca del maíz.
Cuando comencé a escribir cuentos para niños noté a que en las librerías hay montones de cuentos con las mismas estructuras que los “clásicos”,  yo mismo leí de niño versiones españolas de cuentos y novelas europeas y porque nuestros escritores mexicanos para niños, en general, escriben de todo menos de sí mismos. Es decir, que no existe una literatura infantil mexicana para niños y jóvenes mexicanos. Lo que sí hay son millones de pesos invertidos en que los niños y jóvenes lean, pero lo que se les ofrece son modelos, estrucutras ye squemas europeos, norteamericanos y, con suerte, algunas adaptaciones o ediciones de escritores mexicanos que tienen el alma fuera de este país.
Entonces vuelvo al enigma eterno del pensamiento mexicano, ¿qué es lo mexicano?, ¿dónde radica nuestra identidad?
No sé si las élites culturales lo determinaron o no en el pasado, previo acuerdo con la política de su momento.
No sé si los personalísimos esfuerzos de escritores y filósofos de ver a México con una lupa (¿o Lupe?) occidental tienen o no sentido.
Pero hay algunos rasgos característicos hasta nuestros días que vienen desde antes de la colonia, hay formas y maneras de relacionarnos más allá del imperio de la televisión y de nuestras absurdas aspiraciones por pertenecer a algo que no entendemos, llámese Occidente, Europa o Estados Unidos.
Y en esas maneras, objetos y formas es donde podemos  religar lo mexicano, creo yo. Además no todo lo mexicano, sino aquello que para un grupo o comunidad tiene sentido. Así, como originario de Veracruz, habitante de Puebla y constante trabajador en ciudades y pueblos de Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Estado de México y Distrito Federal doy cuenta de que Mesoamérica es sin duda una región que comparte muchos rasgos.
En la búsqueda de hacer libros para niños más allá de lo comercial, de los intereses del mercado o la intensión de hacerlos “ciudadanos del mundo” de las instituciones escolares, caí en cuenta que maíz y chile nos dan cohesión e identidad.
Respecto del chile hace ya algunos años que uso el poema-cuento de Nuria Gómez Benet “La Fiesta Chipocluda”, hago una introducción cómica sobre la mexicanidad para aterrizar en un hip hop enchilado como base y el texto (escrito a manera de romance) rapeado sobre la base que hace el público.
Entonces caí en cuenta que el chile y el maíz nos dan una serie de características únicas en el mundo. Los rituales cotidianos alrededor de hacer la salsa, preparar las tortillas o tamales, juntarnos a la comunión diaria de comulgar con nuestras tortillas. Ahora no lo entendemos, no entendemos cómo llegamos a esto, ni porqué lo hacemos, pero cada vez que comulgamos y hacemos los ritos en torno al maíz están presentes los miles de años, las generaciones que estuvieron pendientes de los modos, las formas y los significados de comer con chile y maíz.
Es por ello que emprendí un trabajo formal para niños en torno al maíz, con cuentos, canciones y, espero pronto, radio y televisión. Como mexicanos tenemos la raíz en la sangre, oculta. Convivimos con los ancestros cotidianamente, sólo es necesario desentrañarlo, sacarlo y asumirlo.
Por ello sigo a la búsqueda de más y mejor bibliografía, ya que sí he hallado varias cosas pero sé que me falta aún mucho por saber y descubrir.
Hace unos meses encontré un libro que leí con mucho gusto prácticamente de una: El arte de la tortilla, La tecnología utilizada en el proceso de la masa, la tortilla y la molendera en el arte de Guadalupe Prieto Sánchez. Lo disfruté mucho, sobre todo la primera parte donde se habla del maíz, la tortilla y la importancia del metate en la cosmovisión prehispánica. 
Por acá dejaré la portada y la primera versión de este poema sobre el maíz, la primera porque ahora estoy preparando junto con Patricia Vázquez, la ilustradora de mi libro y de la animación Gotita Encerrada, la versión definitiva de el Romance de una Semilla, un poema para rapearse y jugarse en la escuela y en la casa. Y bueno, ahora viene el programa de radio diario, viene ponerse más las pilas para llevar cuentos, canciones, malabares a todas las escuelas posibles.

Así que a seguir, porque el 2014 abre sus puertas y si el que termina me dejó la maravilla de la vida, cinco libros y muchos sueños y nuevas maneras, sin duda éste será la revolución completa.