12/16/2013

una pequeña ventana

Llevo algunas semanas escribiendo uno y otro inicio, arranques y estructuras para cuentos y novelas. De pronto sale una idea que me parece genial como la de un ex narco que se mata "por accidente", después de que las leyes implementan la amputación y la rehabilitación de miembros robóticos impedidos para obedecer órdenes que atenten contra el orden establecido.
Y entonces arranca el texto y me pierdo, me voy lejísimos, termino en un mundo post apocalíptico con un niño pequeño escuchando a un cyborg que le ha ayudado a huir, mientras los persiguen los robots limpiadores.
Y el último niño completo está a punto de morir, mientras el narrador va contra sus propios miembros que lo pueden matar a él y al chico.
Pero no.
Todo se detiene, me aburro, me distraigo, no consigo hilar directo y fuerte el texto. Y estoy convencido que si te aburres al escribirlo, si es un ejercicio contra tu voluntad el "hacerlo bien", entonces la gente lo sentirá al leerlo también. Se contaminará de la misma emoción el texto y, ¿qué sentido tiene escribir por disciplina? Quizá piensen que la gente leerá por disciplina, por compromiso intelectual o social.
Y no, no hay modo que alguien permanezca frente a un libro con honestidad si no le representa algo importante. Y no hablo de la obligación escolar o la búsqueda de cierta información, hablo del gusto por conocer nuevos mundos, nuevas maneras de asir la realidad.
Así que aquí estoy, re comenzando siempre, buscando mi manera de compartir estas historias, estos mundos por fundar sugidos de un par de manos que los lleven a tus ojos, a tu alma.



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