4/17/2006

hablaré...

Me acuerdo de los repollos
Marosa di Giorgio*

Me acuerdo de los repollos acresponados, blancos-rosas
nieves de la tierra, de los huertos-, de marmolina, de la
porcelana más leve, los repollos con los niños dentro.
Y las altas acelgas azules.
Y el tomate, riñón de rubíes.
Y las cebollas envueltas en papel de seda, papel de fumar,
como bombas de azúcar, de sal, de alcohol.
Los espárragos gnomos, torrecillas del país de los gnomos.
Me acuerdo de las papas, a las que siempre plantábamos en
el medio un tulipán.
Y las víboras de largas alas anaranjadas.
Y el humo del tabaco de las luciérnagas, que fuman sin reposo.
Me acuerdo de la eternidad.

*Marosa di Giorgio (Uruguay, 1932-2004). Desde 1978 se radicó en Montevideo donde inició su carrera poética en 1954 con su obra Poemas. Su ascendencia italiana y vasca la convirtió en una poeta singular, cuya obra respondió siempre a las exigencias de su mundo interior, donde la naturaleza, la magia, la mitología y el misterio, se conviertieron en importantes protagonistas. El conjunto de su obra, reunida en «Los papeles salvajes, se amplió con dos volúmenes que incluyeron La liebre de marzo, Mesa de esmeralda, La falena, Membrillo de Lusana y Diamelas de Clementina Médici. Sus poemas y relatos fueron traducidos al inglés, francés, portugués e italiano. Recibió importantes distinciones entre las que se destacan la Beca Fullbright y el Primer Premio del Festival Internacional de Poesía de Medellín en 2001.

El poema llegó a mi correo por medio de EnfocArte, junto con muchos otros mensajes que no me estaban directamente destinados. A excepción de uno. No quiero hablar de ese mensaje.
Mejor hablaré de caminar en el desierto, de pasar la sierra de Chihuahua en tren, de mirar los ojos de los niños tarahumaras y saber que la pequeña que me vendió la muñeca se llama Cristal y ríe con luz morena, quemada por el sol de la montaña.
Hablaré de la mirada que me acopaña y me dice al oído que le gusta mi compañía. Hablaré de la risa sencilla, de los labios que simplemente se dejan estar.
Sin embargo, lo que quiero dejar claro es que ya no quiero hablar... en el silencio aprenderé con lentitud el valor de tener abierta el alma por medio del oído.

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