11/01/2006

melones

Me han preguntado todos el porqué siempre voy regando la frase: si amas algo... mándalo a la chingada. De inicio porque me joden los pensamientos cursis del tipo: "...déjalo libre". Y luego porque uno es uno mismo cuando se descubre, cuando ha pasado que se cae la casa, cuando se han perdido todas las máscaras y, frente al espejo, como el rastro de la pesadilla, uno descubre lo que realmente es.
Y hay quienes ya no son y uno descubre que sí hay algo, algo no muy lindo, algo muy pequeño, algo que quizá no sea nada, algo, algo al fin.
Me gustan las máscaras, me gustan las mañanas donde la mesa de la sala está llena de envases y ceniceros rebozantes...
Me gustan los mensajes escritos con mi pluma, sobre mis hojas blancas, me gusta "abrir los ojos y estar vivo, tener que vérmelas con la resaca, vivir atormentado de sentido (esa sí que es la parte más pesada)".
Sin embargo, también me gusta soñar con un melón atorado en tu vientre, uno de esos ritos de los que no es causante sólo tu tosudez, ni sólo mi defachatez. Sino otra cosa.
Hace tiempo supe que lo único que tengo es la vida y entonces: ¿qué hacer con ella? (hay tantas respuestas como ideas, como modas, como sociedades...) Pero lo único prudente es: más vida.
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