10/13/2012

Día de la Raza

Ayer estuve todo el día en Zacapoaxtla, trabajando en la mañana con niños sordos, con discapacidad intelectual (síndrome de down y autismo, principalmente) y con maestros de Educación Especial. Tan atareado que no recordé que era 12 de octubre, que no me di cuenta que era el famoso Día de la Raza, que no pude ver Facebook ni nada más que estar compartiendo, luego comer y después regresar a casa y dejar en la suya a mis compañeros.
Ayer fue despertar temprano, salir corriendo, que los chicos con sus padres y maestros ya estén esperando en el CAM, que debamos hacer dos grupos porque es muy diferentes la sordera que cualquier diferencia de tipo intelectual o física.
Luego, hacer por la tarde un grupo, pero dos chicos simplemente no pueden estar ahí. No es que no quieran o no entiendan, no pueden estar quietos, quieren correr, jugar expresar de otros modos que no son estar sentados jugando. Entienden, sí. Pero no sé si ellos entienden lo que les quiero o puedo comunicar, sólo sé que entienden, porque responden a mis miradas, porque me retan aventando la pelota lejos y "se burlan" cuando voy por ella, porque parecen maliciosos demonios que no son como yo, que retan a mi intelecto occidental, a mi manera cuadrada y estructura de ver y asir el mundo, la realidad.
Cuando trabajo con chicos diferentes me doy cuenta de lo aburrido del mundo, de lo jodido que es el imperio de lo mismo, la idea de lo unívoco validada por todos. Nadie se detiene a ver en la gente diferente todos los mundos posibles, toda la verdad y vitalidad que hay en sus visiones. Al contrario, los limitamos, los educamos, los convertimos en autómatas similares a nosotros, nunca iguales, nunca en la misma condición, sólo "similares", capaces, posiblemente tan humanos como nosotros mismos.
Y hoy despierto y veo la noticia, veo una foto en Facebook, escucho en radio que un programa está dedicado a la película que recuerda aquel "encuentro"llamado el "descubrimiento" de América. Y recuerdo tanto tanto tanto pensar y re pensar en la masacre, en los millones y millones de humanos asesinados por un puñado.
También, recuerdo mi maldita paranoia al mejor estilo Philip K. Dick, entonces creo que desde hacía mucho siglos un pequeño grupo de gente en Europa sabía la existencia de América, incluso teniendo intercambios de diversos tipos con ellos, sólo que no era necesario o posible hacerse de ese territorio. No importaba, era un mundo lejano, absurdo. Hasta que hallaron la tecnología para apoderárselo entero, su magia logró las armas biológicas letales, desde la propagación de virus mediante machacar costras y luego disiparlas en el aire, hasta el envío de selectos grupos de enfermos para echarlos a poblaciones enteras. Y luego entrar triunfantes y poderosos, máquinas asesinas que no sabían bien a bien para quién estaban trabajando. En mis delirios, creo que la estructura de pirámide social impide ver quiénes son realmente los que mueven los hilos.
Así, mediante el genocidio, el exterminio, una cultura llamada Occidente, proveniente de Europa, devastó casi por completo las lenguas, los sistemas de creencias, sociales y culturales. Sin embargo, en algunas regiones del continente hubo pueblos que decidieron no abrirse, se resistieron como se resisten actualmente y desprecian la cocacola, las hamburgesas y la televisión. Callados y distantes conservan sus hermosas y bárbaras costumbres, sus lenguas y sistemas.
Yo no soy de esos pueblos, mi pueblo es diferente. Por mis venas corre la sangre derramada y la del asesino. Soy lo mismo el totonaca que el nahua, que el francés y el español, lo mismo el asesino que la víctima, el arma y el perdón.
En México, las mujeres fueron ofrenda y seguimiento de la cultura y la raza. Así, los Españoles salvajes asesinaban de día a los hombres y de noche se acostaban con sus mujeres, el fruto somos nosotros.
Pero no fue así en todo América, en grandes regiones el genocidio y asesinato sistemático continuó y, lamentablemente, continúa. ¿Conocen la historia de que en Patagonia una tienda pagaba en efectivo si les llevaban orejas de nativo? ¿Que cuando vieron a los verdaderos dueños de esa tierra, sus habitantes, sin orejas, cambiaron el formato y sólo pagaron por testículos?
Hace cuatro años estaba en Buenos Aires, pude asistir el concierto de los Fabulosos Cadillacs. Yo era el único moreno, un espacio al que no parecía pertenecer. Pero me sé todas las canciones, me emocioné y brinqué quizá como ninguno, porque eso sí, todos parecían demasiado relajados, demasiado civilizados, casi incapaces de mostrar una emoción hasta que Vicentico habló de conmemorar el día para presentar una canción.
Energética, fuerte, ruidosa y rítmica, pero ninguna persona parecía sentir empatía con ella. Mientras que en las baladas coreaban y hasta se movían al ritmo, cuando comenzó esta canción, todos se quedaron de piedra:

El V centenario, no hay nada que festejar
latinoamericano descorazonado
hijo bastardo de colonias asesinas
cinco siglos no son para fiesta
celebrando la matanza indígena

Cuantos estandartes en las carabelas
cruzando océanos, la decadencia
Hispanoamérica se viste de fiesta
celebrando la matanza indígena

No hay nada que festejar
Juventud de América, no debemos festejar
colonia imperialista tenida de sangre
sangre nativa, sangre de la tierra

Donde el indio nació y no pudo conservar
donde el indio murió y creció sueños de libertad 

Y entonces yo brinco y celebro que no hay nada que celebrar, porque soy mexicano y celebro hasta la muerte, celebro y vivo, canto y lloro a la vez y no, pues no. No todo América es igual, quizá similar, quizá con un mismo idioma impuesto, quizá todos bajo el mando de los Gringos que inventaron una cultura que todos creemos casi ciegamente, menos por fortuna nuestros hermanos de pueblos orgullosos de su ser, una cultura unívoca.
Al final, la discriminación a favor o en contra, el sólo hecho de que la palabra exista, valida un sistema único. Occidente-Europa trajo e impuso su cultura, como nosotros la imponemos a todo ser que pretenda o aparente ser distinto. Es más, términos como freak, raro, extraño son una manera de incluir en la discriminación, vivimos un sistema unívoco que parece absorberlo todo y lo que no puede ser absorbido es exterminado.
Indígena, aborigen, bárbaro, discapacitado, loco, inválido (sin valor), son términos que no sólo excluyen, sino que impiden que podamos valorar como posibles los mundos que nos proponen. Cambiar la cultura de los pueblos, riquísima y potente, capaz de difundirse a todo el mundo, por la idea de folclor, de bisutería, de "cosa de indios" es el gran juego del imperio.
Asistimos a un imperio ideológico mundial, donde cualquier diferencia es absorbida y neutralizada, desprestigiada, anulada. No importa al final si se trata de un cromosoma de más y una forma de percibir la realidad realmente diferente. No importa si es un pueblo con formas profundamente diferentes de regulación social. No importa si hablamos de sociedades que no necesitan dinero o política. La guerra contra la diferencia por parte del imperio es sistemática.


Dibujo del holandés Theodor de Bry (1528–1598) mostrando la quema de indios en América. Día De La Raza
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