7/17/2005

Escuela

Entré nervioso a la dirección del colegio, llevo algunos meses trabajando ahí. Los niños están muy contentos con el trabajo y las guías de los ambientes también, me agrada mucho ser recibido con gritos de emoción. Me deleita mirar sus ojos espectantes por el cuento que narraremos ese día.
Cuando hablé con la directora quedó desconcertada de que le pidiera una beca para mi hija, ella no sabía que yo tuviera una hija en edad de estar en Casa de Niños; de cierto modo yo tampoco lo sabía.
En realidad es una escuela muy cara para mis posiblidades, en realidad quizá no debí haber intentado solicitar algo que, sabía, me darían sólo para quitarme de inmediato.
Sonriente me pidió hacer entrevista con mi hija, le extendí entonces el legajo con los manuscritos, las partes de los dibujos y las hojas secas y maltratadas. Desconcertada y alarmada, me pidió pasara a platicar con Juliana, la chica rubia que atiende a los niños con autismo y otros problemas. Ella se quedó con mi hija, me dijo que tenía algunos problemas la pequeña y lo mejor sería ayudarla como profesional.

Quizá detecté que mi hija era sólo un juego de mi mente vertido en algunas hojas carta, lo mismo redactado con mi Olivetti que manuscrita y con algunos garabatos emulando dibujos, pero nunca noté que tuviera problemas psicológicos... mucho menos de esa gravedad.

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