3/01/2007

aceitunas


Miro claramente cómo te volteas para evitar mirarme.
Las aceitunas de tus cuencas rellenas de fuego no serán pinchadas hoy, los palillos de mis labios no beberán tus lágrimas de salmuera.
Yo sí bebí tus lágrimas.

(aquella noche tonta en que tanto llanto en aquel tu coche ta tortuoso, donde tu talle no tenía espacio para troquelarse sobre mi tímido tallo).
Bebí hasta saciarme de salmuera, las aceitunas no eran lo mío.
¡NO!No era lo mío soñar con olivos saliendo de mi vientre, enraizados en la entrepierna con frutitos que en bandeja de plata tú pinchaste con tu ánimo voluntarioso.
Publicar un comentario