12/20/2010

Fotos desde el aparador


Durante la mañana terminamos gestiones y fuimos a hacer compras a la parte comercial del centro, luego fue tremenda el hambre y ni les cuento de los sombreros que compramos, o que vía celular pude estar preguntando a mis sobrinos sobre lo que querían. Nos detuvimos en ese pequeño restaurante que siempre está atiborrado de gente: "La Florecita", "es barato y bueno", dijo Alethia, Lupe no dudó y entramos.
Antes de ocupar las sillas tuvimos que esperar más de diez minutos a que se hubiera espacio en las mesas. Dos grupos de señoras discutían hasta casi pelear por una mesa, ¿quién llegó primero?, ¿quién sólo tomó el lugar y defiende lo indefendible?
Sin querer nos tocó la barra, con un enorme cristal enfrente, entre la calle y nosotros.
Un impulso me hizo sacar la cámara, ubicarla en un espacio sólido y comenzar a jugar. Cuando estaba en la librería siempre quise hacer algo como esto, pero la gente se comporta distinto en las vidrieras de las librerías.
El resultado es este, una muestra de minutos de panes, de viandántes, de una ciudad hermosa y colonial, colonizada y demencial.
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