11/26/2010

¡¡¡Tazos!!!!



Con la misma forma que las monedas, el valor de estos objetos depende de diversas cosas. Los niños de antaño jugábamos canicas, esas hermosas esferas que como gotas de agua rebotaban y salían y entraban de un círculo trazado en la tierra, pero ahora que la tierra se considera sucia y prácticamente dejó de existir en la cotidianidad de las ciudades, los amigos de Sabritas tuvieron que inventar un suplente de las canicas más plástico, aséptico, menos rústico, en fin, lúdico.
Si bien los tazos se pueden jugar sobre piso de tierra, no queda tan bien porque se rayan, se manchan y su vida útil se acorta. Sin duda los tazos son objetos similares a al dinero, de mucho valor para los chicos, en sus partidas se ganan o se pierden (como las canicas), pero éstos objetos pequeños se diseñaron para gente de ciudad o, por lo menos, para que los chicos valoren y juegen en los espacios pavimentados.



El juego consiste en azotar el tazo sobre una pila de los mismos objetos y darles la vuelta. Las variantes son enormes, como las canicas. Lo interesante es el origen de un tazo.
La compañía de chatarras envueltas en celofán de colores chillantes llamada Sabritas en México y Lais en sudamérica, intentó de diversas formas desde sus orígenes: calcomanías, pequeños muñecos, estampas coleccionables, pero el cúlmen de su éxito son sin duda los tazos.
Convertidos en todo un fetiche, no pocos chicos (y grandes) compran una y otra bolsa de botana salada y enchilada sólo para obtener un tazo. Al igual que las cajitas felices y veintemil productos más, la finalidad del comprador no es la calidad del producto o su practicidad cotidiana, sino el supuesto extra que hallarán en la compra.
Así, no hay cosa más decepcionante que abrir emocionado unos chetos y vaciar el contenido de los mismos en busca del apreciado tazo y, ante su ausencia, dejar el contenido olvidado por ahí, lo mismo que el coraje de haber invertido cinco pesos mexicanos (casi medio dolar) en nada.



Pensando en lo anterior, cada tazo cuesta en promedio cerca de medio dólar (dependiendo la botana que elijas). Ya que el producto no le importa a un obsesivo coleccionista y jugador de tazos, es decir que esos bocadillos salados y grasosos son un medio, no una finalidad, aunque de últimas aumente los índices de obesidad infantil del país.
En mi andar juglarezco me topo cotidianamente con chicos que tienen veinte o hasta cincuenta tazos, con los que juegan, van y vienen. Así, sumándolo, esos chicos, sus familias o las de otros que han sido despojados de los mentados juguetes traen a cuestas cerca de 25 a 30 dólares, traducido a pesos unos 300 a 500 pesos. Quizá no es su costo como tal, porque un pedazo de plástico aplastado en forma de mini tortilla no vale ni 10 centavos de peso mexicano, pero la inversión para obtener una colección de tazos suma un aproximado así.
No es de extrañarse que chicos cuyas familias viven con el salario mínimo sean los que tienen y juegan más con los tazos. De manera que una familia que se sostiene con 57.46 pesos diarios, unos 689.52 pesos a la quincena, un aproximado de 60 dólares, tiene a menudo hijos que juegan inocentemente con unos objetivos que valen (en inversión) lo mismo que gana el padre o madre de familia invirtiendo 96 horas en dos semanas.
Sin duda, las ganancias millonarias de esas empresas que nos venden bolsas de aire con unos cuantos bofitos (bofo puede ser sinónimo de vacío o en el diccionario: Esponjoso, blando y de poca consistencia) tienen mucho que ver en cosas como estas que no queremos ver.
Y no me voy de este punto sin mencionar la gran estafa en México, una empresa que compró todos los derechos de telefonía en la época del innombrable Carlos Salinas y ahora nos vende a todos los mexicanos TIEMPO-AIRE. Y reflexionemos rápidamente que el tiempo no existe y el aire es inasible, se puede vender el co2 o el carbono, el oxígeno, pero ¿el aire?
Así, una bolsa de botanas cuyo contenido no es ni el 20 por ciento de la misma, cuyo costo real no es ni el 10% de su valor en la tiendita o supermercado, nos vende en realidad aire, sí, el aire que rellena casi el 80% del empaque. Sí, lo compramos porque lo vemos al "aire" en los comerciales de televisión o simplemente porque es muy "práctico" cuando no se tiene otra cosa a la mano.
Como último dato simple, una bolsa con un centenar de canicas no rebasa los 25 pesos, dos dólares.



Los tazos siguen saliendo en las bolsas individuales de Sabritas, sólo en las individuales, en las grandes no. A menos que sean ediciones especiales que sólo vienen en formatos más caros.
Y todos sabemos que en cualquier producto el costo al menudeo genera mucha más ganancias.
Y durante su larga existencia se han impreso con figuras como: looney tunes, pokemon, Tiny Toons, Los Simpson, Bob Esponja, Sailor Moon, Yu-gi oh!, Hanna Barbaera, Dragon Ball, Sailor Moon, Mucha Lucha, Harry Potter,Ben 10, Futbol, spiderman, transformers, superhéroes de la liga de la justicia, lucha libre de las WWE... (y aquí le pido a los amables lectores que me envíen sus recuerdos tazosos para ir llenando este texto).
La lista de la cantidad de versiones que han tenido los tazos, lo mismo que tamaños, texturas y formas, puede abrirse casi al infinito, ya que cada determinado tiempo arrementen con nuevos modelos y diseños. Así que el álbum coleccionable de antaño quedó el olvido, un cromo cuadrado que debía ser pegado en su correspondiente quedó en deshuso. Hoy lo importante es jugar a quitarle los tazos al otro, coleccionar el ícono de moda en un objeto tan cercano al dinero, a la oblea consagrada de los católicos, al círculo con el que representaron muchas culturas al sol....





Según fuentes bloggers, los tazos comenzaron en Estados Unidos como una vuelta de tuerca para las tarjetas coleccionables de beisbol. Era una manera de seguir ganando con la nada, ya que cuando compras una tarjeta coleccionable lo que estás comprando es una imagen impresa, no la impresión ni el papel, sino la imagen, es decir, un imaginario, una idea en la que un grupo coincide en darle valor.
(Aush eso mismo es el dinero, las tarjetas de crédito, los cheques del banco...)
Entonces los tazos se inventaron precisamente para seguir dándole valor a cosas que en sí mismas no lo tienen. A mí, me viene muy sospechoso que a un niño le enseñes desde muy pequeño a que las cosas que no valen nada son valiocísimas; porque ya saben los maestros y los padres los berrinches, conflictos, peleas, enfados, riñas, golpes y sangre que provocan los benditos objetivos esos. De manera que desde la forma de jugar, vamos induciendo, condicionando. Si cuando tienes 5 años sabes lo importante de un tazo, lo cuidas, juegas-inviertes, ganas-pierdes, te vas haciendo de tu capitalito y al final... igual que con el dinero: nada. Por más tazos que acumules nunca eso cambiará tu ser en el mundo, ni siquiera social, aunque claro sí te da esa impresión en un pequeño universo: el de tu grupo de amigos.



Las fotos las tomé en Tepexi, Puebla, cuando fuimos a contar cuentos y dar talleres con el proyecto Carpas de Lectura. Me gustó mucho poder fotografiar a los chicos inmersos en el juego, con los tazos bailando o suspendidos en el aire. Escribí una parte de este texto y la envié a amigos, Julio Calvo me comentó que adhería, porque la situación no es privativa de México. Y claro siempre pasamos por la cosas sin si quiera imaginar todo lo que esconden, mucho menos en este mundo igualado y calcado, donde la globalización lo único que ha buscado (parafraseando a Alessandro Baricco) es que todo el mundo sea el mismo mercado, es decir que en todos lados se compre lo mismo.
Luego, Pita escribió: "A mí lo que me interesa, como tía y quizás algún día futuro padre de familia, es, ¿qué solución propones?" Entonces tuve que pensar en soluciones. Me parece que este mundo globalizado no necesita soluciones, precisamente la idea de solución parte de que existe un problema, y si bien pareciera que hablo de un problema, no es así en realidad.
Hablo de una realidad, hablo de lo que hay a mano y no reflexionamos, hablo porque alguien tiene que decir las cosas. Pero no es un problema que los niños sepan jugar monópoli, es más, resulta mejor que lo jueguen a que no lo jueguen, porque eso les da desde muy pequeños la idea de cómo se organiza el mundo donde se moverán en el futuro.
Vivimos aquí y ahora y nuestros pequeños también, las cosas ha cambiado mucho de apenas unos años a la fecha y no sabemos los adultos a qué mundo se enfrentarán los pequeños. Sin embargo, intuimos, sabemos que en la univocidad, en la televisión como única alternativa de ocio o "diversión" (¿alguien realmente se divierte frente a la tele?) no hay mucho por crecer. Y queremos que los chicos crezcan, que sean ellos quienes decidan el mundo que les tocará vivir.
De inicio, respecto a los juegos la alternativa es volver atrás, podríamos enseñarles a los pequeños a jugar canicas, y un par de semanas después, trompo, luego yoyo, luego zumbadores, luego enseñarles a hacer trucos de malabarismos sencillos, darles y darnos la oportunidad de jugar los mismos juegos que nosotros aprendimos en la calle cuando no había tantos autos por todos lados. Seguro que un niño al desarrollar muchas habilidades y diversas formas de juego tendrá más alternativas de vida, su mundo no se ceñirá a botones, a lanzar o aventar cosas. Además, si inculcamos ganas de aprender cosas nuevas, damos una gran herramienta.
Por último, la reflexión entonces es que este mundo se construyó de soluciones, como el auto que soluciona tiempos y espacios, pero esas "soluciones" instauraron un imaginario distinto, cómodo, eficaz, rápido, comercial, moderno (la etimología de modernidad viene de moda). Así, tratar de dar nuevas soluciones es jugar con las mimas reglas, por eso, para mí, este mundo globalizado no necesita de soluciones, más bien está urgido de alternativas, de validar todas las posibles, ya que se ha encargado de unificarnos, de uniformarnos y, así, anular nuestras identidades, anulando lo que en otro momento llamamos humanidad.
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