12/18/2012

Fines del mundo

La fantasía más difundida en los últimos meses del año 2012 es el Fin del Mundo. Ya el 2000, el 09/09/99 y un montón de fechas que aparentan ser cabalísticas han llenado las preocupaciones de otros momentos, con suicidios de por medio y ventas al por mayor de latería y no perecederos en las grandes tiendas.
Ahora, la gente habla de oscuridad por tres días, de cambios energéticos, de movimientos en el tiempo-energía entre las personas, de alineaciones planetarias y muchas cosas imposibles de comprobar. Sin duda los humanos necesitamos crearnos y creer mitologías, lamentablemente no siempre son las más adecuadas para una mejor sociedad.
Hay mucho que decir sobre el tema, innumerables vertientes y maneras de abordarlo, desde los mayas hasta la ciencia. Y al decir los mayas, no nos referimos a los simpáticos y amables yucatecos que siguen hablando maya e incorporando palabras al castellano, esos habitantes de la Ribera Maya que ven cómo las empresas extranjeras toman posesión de sus tierras y las convierten en paraísos artificiales, mientras ellos se convierten en empleados del turismo. Eso sí, perfectamente disfrazados de indígenas mexicanos.
Luego, la ciencia, la nueva fe que nos regaló occidente. Los grandes descubrimientos que nos hacen saber que las luces que perciben las lentes de la tierra son soles y planetas. Hay mucho de fe en esto, creemos que son algo las luces que vemos a millones de años luz pero nadie ha ido a tocarlas. No es diferente a la cueva de Platón.
La idea que el 2012 traerá un fin del mundo, no es diferente a la idea de una nueva manera de ver al hombre, las relaciones interpersonales, en fin, insertar una idea en el imaginario colectivo. Una idea que cree nuevas maneras de percibir aspectos de la realidad.
El punto no es el fin del mundo, sino la idea de mundo que te venderán después.
Los sistemas de pensamiento occidentales se basan en dicotomías, de manera que mediante la competencia de dos o más fuerzas se logra la instauración de un orden. La coca cola no hubiese podido ser el refresco más conocido y difundido del mundo de no ser por la "aparición" de pepsi, ya ni hablar de las pugnas entre capitalismo y socialismo, riqueza y pobreza, paz y guerra, y un larguísimo etcétera.
Al final, cuando se habla tanto del fin de algo es más bien comenzar a plantear bases de algo diferente. Además de un enorme trabajo de promoción y comercialización, en lo que México ha sido un gran alumno de sus vecinos del norte, expertos en ello.
No olvidemos toda la publicidad ganada para México con imaginarios como el virus de la influencia, el zapatismo o el misticismo prefabricado de los pueblos prehispánicos; sin dejar a un lado la invención de "pirámides" y la re construcción estilo Hollywood de sus monumentos, de sus bailes, ritos y tradiciones.
Así que al final, si se acaba el mundo es porque todos lleguemos a creerlo. De hecho, este mundo es una fabricación ideológica aceptada por la mente de millones de seres. Para ejemplo, el dinero. Ese "valor" fijado respecto del oro (¿por qué el oro precisamente?) que todo el mundo respeta, venera y sigue. Al final si nadie le diera valor a los papeles, metales o documentos eso no tendría sentido alguno.
Así, el fin del mundo es la idea a instaurar, el nuevo mundo es la consecuencia de la misma que seguramente iremos viendo cómo se consolida, obviamente con nuestra mente y nuestras manos trabajando para ello aún sin darnos cuenta.
Los humanos necesitamos creer cosas y no creemos en lo que queremos, sino en lo que podemos. Pues sólo podemos construir ideas y conceptos a partir de información.  Y de suministrar, dosificar y regular la información se encargan estos medios maravillosos que estructuran y dan forma a nuestra mente particular y colectiva.
No se acabará el mundo, sino que se comienzan a gestar nuevos. Sólo me encantaría que los nuevos mundos fueran más pacíficos, más vinculados con la naturaleza y llenos de comprensión con lo diverso. Hace tiempo que el mundo parece un imperio, ojalá en esta oportunidad todos los humanos podamos abrir tantas puertas y ventanas que están ahí, esperando.
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