5/08/2006

De frente...

Jack Johnson suena en la camioneta que nos lleva al Pinacate. El frizbee de Joseph es el único ovni que atravieza los cerritos. Eva y su caracol marino en mitad del desierto lloran su soledad mientras cavo una tumba. Lorena silente y reflexiva mira al horizonte, haciendo el balance de las máscaras. El motor de mi desierto entrelaza las manos solitarias a las otras, mientras corre un conejo hacia la salida, buscando abrir una puerta.
A ratos, Jesús me ayuda a cavar la tumba, pero no. Esta tumba debo hacerla con mis manos, en medio de la arena, saturada de espinas. Sangran las manos y son acariciadas por un ave del desiérto, que sabe dar aire y abrigo.
Salimos, la tumba quedó cerrada con todo y la sangre de mis manos.
Publicar un comentario