5/04/2006

Sabiduría de los gatos

En la cabeza grande y bien fomada de un siamés cabe el llanto solitario.
En sus patas fuertes y definitivas zumba la risa menguante...
pero en sus sueños caben todos los mundos.
Por ello es que los dueños de esta tienda en la calle principal de Creel, Chihuahua, piden que no lo molesten.
Cristal, una pequeña niña rarámuri, me contó que una ocasión un gringo grande y tonto, detuvo la bicicleta al ver al gato dormido entre los enseres que la tienda vende.
Primero trató de adivinar si era parte de la vendimia, al ver que no tenía el precio tocó fuertemente el vidrio.
Cuando el gato se incorporó y miró a los ojos tontos del gringo, el hombretón ya no existía, ni el pueblo, ni siquiera los rarámuris que vendían sus artesanías. Desde entonces la advertencia tiene un fundamento.
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