2/06/2007

Más Laberintos...


Adicto a los laberintos
Entré en el juego de tus ojos
y ciego de luces oscuras
camino hacia donde mi tacto exige.
Desconcertado en medio del laberinto,
porque tu olor me exigió
dejar que los piés se deslizaran
y permitirme ser tacto.
En su interior el laberinto
desprende voces que son tú,
embriagadores sonidos de tu pecho
de tu alma
de los que caigo y caigo
sin querer.
Ahora tus labios
se vuelven laberintos de posibles:
no hay red, ni hilo, ni ariatnas detrás.
Más tarde –espero– que temprano
seré devorado por las fauces del deseo
(pese a este constante paso de esperansia).
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