8/07/2007

caguamarga

En la profundidad del culo de esta caguama, una y otra vez, puedo percibir el amargo artificial. Nada hay más que la soda cuando la ciudad del sol abre las puertas del mundo de fantasmas.
Esas sombras lúcidas, los fantasmas del sol, manchas de luz que deambulan por mis cuencas, que salen de mi vientre.
De aquel sol, de sus monstruos y sus cantos y sus gritos y sus ritos hoy germinan las historias, los suspensos, la verdades que como chubasco en el desierto, pasan y se van.
Pasa también este amargo y poco a poco se destraban las mandíbulas, y poco a poco se destraba la cerotonina y baja libre al ritmo de malabares. Mientras el vacío culo de la caguama se ríe solo, abandonado.
No más amargo. No para mí, no para hoy; paró hace tiempo.
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