11/02/2009

silencio andando


La puerta once espera cerrada, en once nos esperó el autobús trucho en que viajamos a Jujuy.
Los números son el pretexto, como pretexto es volver o ir, entrar o salir cuando todo es simplemente un devenir de sucesos amables, de miradas juguetonas, de cálidos cuentos que vamos contando de a poco, construyendo de poco.
Vuelvo al norte, que es MI sur, este sur parece más norte que mi norte, que es mucho menos norte que este sur.
Y en el camino quedan besos por darse, quedan abrazos marcados en el alma, quedan estas inmensas ganas de seguir estando aunque sea de lejos, esta gana de siempre estar, de simplemente seguir flueyendo re amablemente.
Y acá compramos cigarrillos y alfajores, y allá lo primero serán unos tacos al pastor con salsa de huajillo y acá adentro esta gana de seguir vogando y allá afuera tantas miradas y ansiedades.
Entonces sonrío, callado y feliz, en la calma de este amanecer en el Aeropuesto de Ezeiza aguardando como una lombriz inquieta en la panza de lo que viene, que no será menos de lo que fue y es lo que sigue permaneciendo.
Ven, dame tus palabras, nada puede darme un respiro amable, un suspiro descargando lo que el corazón da a cada instante.
Escucho, hoy escucho, guardo silencio y pongo en el rostro la sonrisa boba del pícaro que espera el momento indicado.... y el momento indicado no es cuando te miras al espejo buscando cómo te miran y te observo y reclinas la cabeza de costado y luego de acicalarte miras al frente como si nada.
Vuelo a México con escala a Perú, vuelo y vuelvo, vuelto un mar de ríos encontrados soy lo que camina y no quien camina. No sé quién camina, eso a mí no me importa, porque no tengo pies, ni pasos, sabrás de mí siguiendo el rastro calcareo de mis huesos que se dan desgastado de tanto camino. Tampoco soy un camino.
Hoy me he convertido en la fuerza para andar, nada asible, fuga de momentos interminables.
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