12/02/2009

El amor en los tiempos de la dictadura unívoca


"Un corazón celoso no tiene espacio para el verdadero afecto".
Frases como están pueblan el cine y la televisión. Y el cine y la televisión se convierten en nuestros únicos referentes.
SOMOS HISTORIAS
LA RAZÓN SÓLO NOS SIRVE PARA ARTICULAR UN CUENTO Y CREENOsLO
Y HACER QUE LOS DEMÁS LO CREAn.
Nuestra vida no es la que enmarcan los programas y las películas, sino que son ellas las que nos dictan cómo deben ser nuestras vidas y nuestras formas de relación.

Inoculado el veneno, vamos creyendo en el yo como identidad, cuando no es más que un modelo impuesto por formas de comportamiento perfectamente trazadas.
y el amor como mediación y pretexto: nos imponen el amor como droga, como religión. Todas las historias terminan banalizadas por el tema amoroso. Y no es un continum en la historia de la humanidad, otros eran los conflictos y necesidades de otros momentos, mientras tanto, vamos creyendo en nuevos mitos, en nuevas religiones.
La "música", el comercio, las películas, los libros e incluso nuestras formaciones sociales se basan en "el amor". Y si atendemos sólo a su historia, el amor es un invento de los folletines, una desobediencia.
CUando las jóvenes del siglo XVII leían novelitas de amor, sabían sus padre que su alma y su voluntad quedaba corrompida. Y ahora, los padres y los padres de sus padres leyeron folletines amorosos y, no sólo eso, basan su vida aparente en ello, mientras por debajo las fibras más íntimas del ser sigue ocurriendo y ahí están las noches, los estados alterados y, por encima, mentira, no ilusión, no fantasía: mentira.
Y el amor de folletín nos tiene aquí, sin pensar en conjunto, egoistamente encerrados en un YO vacío de voluntad.
"Qué otros hablen del amor, yo amo" (Alejandra Pizarnik)
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