12/21/2009

La chunchaca de mis ayeres...


Era apenas un niño, la calle donde vivía no estaba pavimentada y en época de lluvias se forma una capa de espeso moho verde encima de los charcos. En la noche, los grillos y los sapos, los cocuyos y los mosquitos eran telón de fondo, porque la tele se apagaba temprano.
Nací y crecí en Xalapa, en el barrio de San Bruno. Y en la navidad, en las fiestas, en la pachanga se escuchaba solamente música para bailar: chunchaca.
No era salsa, ni cumbia, mucho menos norteña, ni el pop de aquel entonces que eran las canciones cursis del OTI; cuyo ejemplo sigue hasta la fecha en la cúspide de la imposición al público.
No sé qué pasaba en los ochentas en DF, porque la tele tenía sólo 4 canales y uno se veía sólo a veces y otro sólo daba programación de 4 a 10 de la noche. Nunca me pregunté por los éxitos en Estados Unidos, como veía a muchos amigos e incluso primos. Recuerdo con una sonrisa la primera vez que escuché sobre la "EME TE VÉ", que mis primos seguían ciegamente sin saber bien a bien de qué se trataba.
Uno de mis tíos cada vez que había fiesta, cada vez que había una oportunidad, la que fuera... cumpleaños de uno de sus cuatro hijos, cumpleaños de alguno de sus más de 20 sobrinos, navidad, fin de año, fiestas patrias, sacaba un enorme cargamento de Bacardí Blanco y desde comenzada la fiesta repartía a los mayores de su exilir.
Mi tío era enorme, gigantesco, un gordo que todo lo que comía lo llenaba de mayonesa. De hecho, en su casa conocí la versión mega de este producto, antes de que existiera comercialmente esa presentación. Mi tío bebía hasta caer y eso era muy complicado. Siempre el final de la fiesta fue el mismo: el tío semi muerto en una silla, o tirado en mitad de la sala, moverlo entre varios y, al día siguiente, las monsergas de todo lo que había hecho, las sábanas y cobijas a lavarse... ¡diversión!
Pero nada de esa alegría y bullanga como la chunchaca; el trago de bacardí siempre estaba acompañado de los discos de acetato del Super Show de los Vázquez, de los Flamers en versiones estilo "El flamazo navideño" con popurrí de villancicos bailables que incluían las tradicionales jarochas: la rama y el viejo; además de muchos grupos más que tocaban con calor y alegría una cumbia que no era la cumbia colombiana, ni la salsa cubana, era otra cosa.
Con una base cargada en los teclados de los setenta hacían una música tropical donde cabía todo, sin embargo, dieron por llamarle CHUNCHACA. Así que podemos definir al género como:

CHUNCHACA: Música tropical donde los teclados llevan la base, la cual es vehículo ideal de la bullanga y el desmadre jarocho.

Porque si bien en otros estados hubo chunchaca, en ningún otro tuvo tantos representantes, tanta diversidad y en ninguno estuvieron los representantes de la chunchaca más desmadroza y desfachatada: LOS CARACOLES.
Los Caracoles se crearon hace 35 años y dos cosas los definen: su estética bizarra y su fe ciega en la chunchaca. Han pasado ritmos y modas, ellos mismos han pasado por un dinfin de alineación e integrantes, pero son fieles (en el sentido de fidelidad y en el sentido que le dio el gobernador Fidel Herrera) a la chunchaca. Mientras otros grupos hacían "covers" de otros géneros, Los Caracoles dan batalla chunchaquera y desmadroza.
Su vestuario es una extraña mezcla de punk, dark, con pelos de colores y maquillajes que oscilan entre kiss y payasos. Su ambiente es desmadrozo y hacen que la gente, baile, grite y no pare de divertirse.
De niño escuché siempre su nombre, vi sus discos, baile sus canciones en las fiestas de la familia. Ensayaban a unas calles de mi casa y ayer que los encontré en el Encuentro de Lenguas Indígenas (vaya encontronazos) descubrí que su saxofonista es primo de la novia de mi hermano, que líder es La Sombra, que el director musical es Caballo Loco (padre de uno de los Aguas, Aguas), que Los Caracoles y su desmadre e irreverencia tienen que ver hasta con el gobernador, que... seguiremos de cerca los pasos de estos singulares Chunchaqueros de aquí mero de la mejor cepa jarocha.


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