8/30/2013

de los gastos y la vida

La bebé duerme en medio de sus padres. Por las noches, su mamá la tiene muy cerca para darle de comer dos, tres o hasta cinco veces, su papá despierta a ratos y pone su mano en el pecho pequeñito y la bebé se mueve un poco o simplemente suspira. Los tres se sienten seguros así, seguros de que se tienen, se aman, se comparten.
Pasan la vida juntos. La pareja soñó mucho tiempo con dar vida, con crecer junto a un ser nuevo, con la posibilidad de dar seguimiento a sus vidas en otra. Bromeando solían decir: "somos tan felices juntos que necesitamos algo con qué complicarnos un poco, un hijo es algo lindo". Mitad verdad: son felices y plenos; mitad broma: un hijo no complica la vida, sino que es la vida misma.
Claro que la televisión se ha dado a la tarea de hacer de lo normal, de lo humano algo absurdamente complejo. En lugar de que mamá  dé teta a su hijo, como buenos mamíferos que somos, hay que comprarle botes, latas de "fórmula" (que quién sabe qué es y porque la hacen así) en mamilas, biberones, chupetes... Luego pañales, montones y montones de pañales "desechables", cuna, porta bebé, carrito y juguetes y toallas para limpiarle la cola, chupones y tantas y tantas cosas.
Pero, ¿por qué no simplemente amamantarlo, tener sus pañales de tela que son un gasto nada más y de ahí lavarlos en la comodidad de la lavadora?
Tiempo, no hay tiempo. Nuestra cultura globalizada y unívoca nos dice que no hay tiempo, porque hay que trabajar ambos, papá y mamá al trabajo para que el dinero alcance. ¿Para qué? Para pañales, leche, toallas y demás cosas que, si lo analizáramos, no son necesarias. Sin embargo, creemos ciegamente que así es, porque así debe ser. De manera que sin reflexionar vamos al trabajo, ganamos algo de dinero y sostenemos un "nivel de vida" que a la vez es una trampa que nos sepulta.
Y si no, hagamos cuenta de dinero respecto de tiempo. Muchas veces cerramos mal un mes tras otro, no hay dinero que alcance porque por más que trabajemos siempre estamos comprando y pagando cosas que no necesitamos en realidad y sólo nos hacen sentir cada vez peor.
Y ni hablar de que los niños crecen y van a la escuela y son más sus necesidades.
Y ni hablar de la formación humana que ya no dan los padres, ni los abuelos, ni nadie de la familia.
Y ni hablar de cómo imitamos los comportamiento de la televisión y el cine sin detenernos a pensar si son reales, posibles o congruentes...
Y ni hablar, sólo es una idea, una opinión. No quiero que mis amigos me dejen de hablar o que me tomen por un radical tonto, un idealista pasado de moda que sigue creyendo en el valor de la vida por encima del dinero, del poder y de lo que imponen las imágenes de los grandes medios.
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