2/28/2005

días

La fábula del labriego loco
Había una vez un labriego muy capaz de sembrar campos, todo mundo vio en él, desde muy joven, que podría conseguir grandes cocechas debido a sus facultades. Sin embargo, cuando tuvo semilla en lugar de arar en orden, hacer surcos y depositar semillas de la misma especie para obtener una buena coceha, el labriego loco fue sembrando sus semillas aquí y allá sin orden aparente, sin sentido aparente. Fue entonces que toda su comunidad, molesta por esta desfachatez cerró las puertas de su casa para él. Su familia no rechazó sus acciones pero eran tan pobres que no le garantizaban comida para el futuro invierno.
Cuando los primero brotes de los campos aparecieron, todos los campesinos cuidaron de sus sembradíos, pero el labriego loco seguía recolectando semillas y plantándolas en los sitios más exrtaños.
Sin embargo, una fuerte lluvia arrazó con casi todas las siembras, dejando al pueblo en la incertidumbre para el invierno.
Cuando comenzó a escacear la copmida, todos hablaron mal del labriego loco y su desperdicio. Sin embargo, en el momento en que nadie tenía nada que llevarse a la boca el labriego sonriente llegaba con frutos, trigo y algunas verduras. Compartía todo con la comunidad que lo rehazó.
Un día, muy enojado, el jefe del pueblo le preguntó por esta actitud y de dónde venía su comida que, aunque poca, alcanzaba para no morir de hambre.
El labriego loco le dijo: "Si siembras en un surco, tendrás una cocecha; si siembras tu tierra, tendrás un compromiso; pero si siembras el mundo, por lo menos uno de cada veinte granos te darás las gracias con sus flores y frutos".
txt: elmismo.
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