6/13/2005

Cáscara de naranja

Cuando abrí la ventana, hoy por la mañana, ahí estaba: la cáscara de una naranja, sobre la envolutura vacía de unos panecillos. Abrí ambos pedazos, pues estaba partida por la mitad: una tenía algo del bagazo, mientras la otra estaba perfectamente limpia.
Si alguien hubiera dejado simplemente la basura, seguramente, no lo hubiese hecho de forma tan ordenada.
Durante mucho tiempo supe que alguen me había visitado cuando no estaba por muestras como éstas. Encima, soñé por la mañana que estaba en una casa colonial con dos personas más, yo tenía una cita con otra chica, pero esperaba que mis acompañantes dijeran algo. Cuando lo dijeron argumenté que tenía cosas que hacer y me fui ya demasiado tarde a la cita.
Sí, noté que estoy esperando sólo para negarme, espero propuestas nostálgicas sólo decir no (negar la gloria es orgullo imbécil de un Adán cualquiera). En vez de vivir de lo inesperado y cálido (un abrazo de luz), lo sumamente sutil y delicioso (unas letras desérticas), el hermoso hallazgo (luz matutinal); en lugar de aventurarme nuevamente a la entrega y la aventura de explorar.
No importa de quién haya sido la idea de dejar esa cáscara de naranja, mi desición fue tirarla a la basura.

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