6/01/2005

Amaneceres


El sol, cotidianamente, juega a hacernos creer que su salida hace un día nuevo, algo diferente.

Y resulta que, en realidad, no. Ni el sol, ni los movimientos del mundo, ni siquiera nuestros propios movimientos nos hacen diferentes, quizás viejos y tercos, menos dúctiles y más temerosos, pero ¿diferentes?

Podrás estar en el fin del mundo y decir: "estoy en el fin del mundo", pero será el mismo sol el que bañe tu rostro, será su luz la que te permita creer que miras volúmenes.

Podrás rechazar tu entorno, podrás cambiar hasta la forma de vestir, pero al final siempre ocurrirá lo mismo.

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