6/09/2007

mascotas privadas


en los monstruos de bolsillo hallé al titiritero.
estaba sentado hasta que encontró una cabeza.
fue entonces cuando comenzó el juego.
los valientes aprendices fueron poniendo su cabeza cerca para ser iluminados.
el rito era simple, pero peligroso, pelirojo.
la noche cayó completa, las rendijas en forma de estrellas no lograron acercar más nada.
entonces se hizo el silencio y el titiritero volvió a su sitio, sentado, al fondo, esperando el momento de ponerse otra cabeza.
(hoy noche, pequeña señorita sunshine me acompaña, no estoy solo, aunque me halla quedando esperando... la espera no es soledad, es espera [gracias])
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