1/12/2008

música


Me sigo preguntando en qué momento cesó tu música. Te escuchaba diariamente. Te escuchaba para conseguir esa dosis de risas contenidas en tu aliento que inundaba cada poro, cada rincón de aquel frío espacio.
Ahora sé que todo es un maldito sistema, un conjunto, la summa de elementos perfecta para que el orden exista.
Yo fui parte de lo bueno, parte de lo malo... pero eso es sólo un trayecto en tiempo, un espacio y una abrevadero que se compartió; lo crucial hoy es otra cosa, es no mirarte, no tener tu mano para caminar juntos, no entender este silencio.
Andaba por las calles de mi laberinto. Deshenebrando historias, como siempre, descargué el cd que dejaste en casa y llevaba los oídos pegados al reproductor de MP3, entonces lo vi: Ahí estaba, me detuve, le tomé una foto, escuché sus balbuceos en el violín.
Mas no, nadie toca para mí, busco un ritmo, una melodía para las jornadas que son tibias, que son claras, pero necesitan de tu aliento, de la música... pero nada pues... Está bien, sí: prepararé a conciencia la tesis y el siguiente libro y concluiré mis brujas y las nuevas historias y no me detendré más que en algunos sábados como éste, que de tan malos huelen a domingo...
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