8/29/2011

Desde Rosario


Estoy en Rosario, camino sus calles frías a ratos, inglesas, un poco polacas e italianas, paraguayas y bolivianas también, por supuesto. Charlo con su gente hermosa y puedo mirarme en las pupilas azules o verdes, cafés y negras. Miro en las pupilas claras esa gana de no dejar de ser, el orgullo argentino de carne y trigo, orgullo que vino a hacer América y no acaba, porque sigue tan en Europa. En las otras miradas, que están casi escondidas por la ciudad, las miradas cafés o negras como las mías, hay prisa, trabajo, camino largo. Unos tan occidentales, otros tan locales y al final todos la misma Argentina. Sí, la misma.
De pronto el parque España, junto al Paraná se llena de skyters, pareciera un programa de MTV o de alguna cadena inglesa de televisión, esto no es América, pero lo es al tiempo. Actuamos como lo que vemos y creemos que somos.
Hace poco platicaba con alguien de las crisis enormes en los países llamados en el pasado primermundistas, me decían que el consumo y la vida han cambiando. Que es sólo un mito, que Nueva York no es la de las películas... pero en realidad nunca lo fue, mi mundo es lo que veo en la tele, lo que absorbo del monitor. Salgo a imitar un esquema que no es real, está encerrado en una pantallita.
Y muero a diario 8 a 12 horas trabajando por sostenerlo, por crearlo. Mi cárcel y mi libertad al tiempo, me quejo de mi trabajo y mi trabajo consiste en hacer más impagable, imposible el mundo. Entonces dejo en el suelo el cigarrillo que encontré tirado en el suelo, sigo caminando y sonriendo.
Le brindo una sonrisa a la anciana medio facha que con su gesto duro da cuenta de su molestia "un negro aquí", parece decir cuando hace como que ignora mi risa y la mirada que le regalo. Veo tantos cortes de cabello tan caros, tan complejos, tan europeos y, a la vez, tan absurdos. Cortarse el pelo aquí es carísimo y con esos cortes hay que hacerlo tan a menudo que uno o come o corta el pelo, que uno viste bien y elegantemente o disfruta. No entiendo del todo occidente.
Gracias a Vero estoy acá, compartiendo con gente hermosa, por la radio comunitaria, por la biblioteca Cachilo, por la escuelita Bajo Hondo, por las calles unos días.
Venimos de Buenos Aires, donde un par de chicas amorísimas nos dieron hospedaje luego de ser amigas de Facebook, luego de conocer en persona a una maravillosa titiritera, luego de visitar a mi amiga Clau, sentir nuevos y renovados cariños, de dolerme un poco de los silencios y lamentar amorosamente las ausencias.
Andamos, caminamos con Jorge y Alethia, en un clan lindo de compartires, de hurgar en librerías y cantar en las calles. De sorprendernos y descubrir. Hacía dos años de no viajar así, fue duro cargar maletas en hora pico dentro del General Sarmiento, pero era necesario para llegar a Morón y que los taxistas se negaran a llevarnos, les gusta tanto lo que hacen que a ese paso lo seguirán no haciendo el resto de sus días. Cargar, moverse, fluir.
Era sencillo cargarlo todo al banco, a la tarjeta de crédito y hacer, hacer de turista es fácil, cualquiera lo hace; pero esto, venir cargando, esperar y buscar, llamar y mirar a los ojos, dejarse encontrar en los encuentros es como la vida, soltarse de pronto sin red, sin auspicios, sin barreras, sin nombres.
Y aquí vamos, andando amablemente y encontrando movidas hermosas y durísimas, como la historia de Pocho Lepratti, asesinado cuando asistía un comedor infantil ¡Hijos de puta, no tiren que hay pibes comiendo!”, fueron las palabras que la gente recuerda, junto con una bicicleta que ahí estará, que la gente usa como símbolo de Pocho en Rosario.
O el cómo la gatita Dominga sobrevivió en un tubo durante 15 días, y cayó 7 pisos al ser rescatada y al final ahí está en la casa de las chicas, con su dueña que es adicta a las telenovelas.


Las historias que no podría conocer en hostal, ni en un hotel, historias imposibles de pagar con tarjeta de crédito ni cheques de viajero. Ver a los ojos a las mujeres hermosas Rosarinas y besar a sus hombres en la mejilla al saludarlos, esto es vivir y andar.
Viene tanto fluir, nuevas historias y maneras, viene seguir vivo y viviendo y viene dejar claro que es tiempo de volver a escribir, de hacer blog, de hacer libros que ninguna editorial quiera editar como negocio, de escribir lo que no alcanzo a decir cuando cuento, de dejar de omitir y dejar de tener miedo.
Tiempo nuevo de renuncias y nuevos contratos, tiempo de dejar que el cuervo fecunde a su cuerva y uno volar. Momento de no conformarse con la supuesta estabilidad de un espacio, dejar de creer en el poder, en el arte, en las ideas y las máscaras, en las fórmulas e ideologías, para dejarse ser por lo que se siente, se percibe y se puede compartir.
A leer un poco, que Sangre de Tinta está hermosa, que los dos libros de César Aira que me compré seguro me regalarán cosas nuevas, venga a reconciliarme con las palabras, las verdaderas y estos palotes casi sin sentido que fluyen a veces tan a gustito, como ahora mismo.



Publicar un comentario