8/07/2005

Cuento de gatos


María García (C)
"¿Te conté antes la historia de la princesa ciega? Creo que ahora, que la lluvia afuera no cesa, has desconectado el teléfono y me lees con la taza de café caliente entre tus manos friolentas es el mejor momento. La princesa nació en un país lejano, algo sombrío y lluvioso, como tu tierra, justamente. Al nacer, como todos los habitantes de ese país, tenía una gran vela encendida en su corazón. Si bien a veces se escapaba un poco de luz por entre su sonrisa, todo iba de maravilla. Sin embargo, un día, cuando iba a la escuela, vio un bulto acercarse, lo olió y sintió su cercanía, entonces sacó su vela y la puso en el pecho del bulto. Al instante vio la cara de Gonzalito, deslumbrante y feliz, pudo ver la risa, los hoyuelos... pero cuando le quió la vista no pudo ver nada más. Quedó completamente ciega.
Buscó formas de ver más cosas, pero toda su mirada era sólo para Gonzalito. Dedicó entonces todos sus esfuerzos a estar cerca del chico, a toda hora lo necesitaba, a veces algún bulto le servía para no caerse, para evitar resbalarse, pero no podía ver más que la cara del niño con hoyuelos. Pero un día descubrió que podía quitarle a ese chico su luz y volver a tenerla, pero en el tiempo de oscuridad, cambió su rostro y tenía tanto miedo de mirarse que decidió jamás volver a poner la luz en su corazón. La princesa ciega sigue rondando, poniendo su vela en quien ella elige, la princesa ciega envejece y ahora cuando ha querido compartir su luz, no hay más luz, porque...
Duró algunos años todo esto. Hasta el día que descubrió... espera... en un ratito te sigo contanto...."
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