8/04/2005

XPRM


Amar a un fantasma puede ser poético y hasta diverido, pero cuando llamas al teléfono que te han dejado la madrugada anterior y responde una anciana, cuando te rebota el correo electrónico, cuando preguntas a tus compañeros de departamento por la mujer que tocó de madrugada y se fue temprano y ellos te confirman que, efectivamente, abriste de madrugada la puerta y de mañana también, pero solo; entonces todo deja de ser poesía para volverse infierno.
Durante casi una semana tocaste a mi ventana. Abri la puerta. Te acurrucaste pequeña en mi regazo, cabías perfectamente en mi abrazo, tus pies fríos quedaban abrazados a los míos, el aroma de tu pelo durante toda la noche. Y en algún momento, sin notarlo demasiado, un sexo tranquilo, casi rutinario, silencioso.
Lo extraño es que dejó algunos mensajes en los coments, como cuando le mostré uno a uno cada post, explicándole el porqué, la trampa de cada ventana.
Lo extraño es que creí estar salvo de este tipo de situaciones, de verdades alteradas, de mentiras que llenan huecos, de juegos sobre la verdad. Creí que al hablar con gente clave del pasado había dejado muy concreta esa parte de mi vida para nunca volver a las creaciones y ahora, no conforme con alterar realidades, mi mente creó la chica de ojos claros que me vista en las madrugadas.
Esta noche no la esperaré, porque su mirada cómplice constata junto mío, frente al monitor de la iBook que tu esencia de fantasma es el más aterrador enfrentamiento conmigo mismo.
Publicar un comentario