11/06/2005


La madrugada me asaltó en una pequeña ciudad de montaña. Era 29 de octubre, los muertos comenzaban a llegar. Afuera de la estación de camiones un hombre vendía tamales y champurrado. Pedí uno de rajas en torta y un atole. Volví a la estación a resguardarme del frío. La semana había sido extenuante, pese a que sólo "trabajaba" tres o cuatro horas diarias.
Las noches me asaltaban con unas cervezas y la risa de gente hermosa. En una de ellas, la madrugada me recibió con un dolor en los pulmones.
Al tratar de respirar el dolor era intenso, casi inmenso. Solo en la habitación del hotel, sabiendo que la infección en los pulmones era producto de un enfriamiento que hubiese podido evitar, me sentí estúpido.
Pero en la foto el sábado llegó abierto, nuevamente un sábado, nuevamente todo cierra sus ciclos. Recordé entonces que los años biciestos hacen que las fechas vuelvan a caer en el mismo día justo a los 6 años.
Y, sin embargo, el tiempo sólo va dejando algunas marcas. Es inevitable su paso, pero (como es el caso de este lavamanos vetusto) si no hay un uso adecuado del tiempo terminará por dejar marcas indelebles, por ser doloroso.
Ahora que he dejado el cigarrillo, paso el primer fin de semana sin un trago.
Ahora sonrío, porque "son mejores las mañanas sin alcohol", como lo supo Vicente Aleixandre en su momento.
Ahora espero con calma que nuevamente se enreden los hilos extraños, esos que hacen que al dejar de ser &, de pronto te halles muy cerca de = que a su vez es primo de º, quien es querido compañero de habitación de &-2, lo cual implica a final de cuentas que el juego continúa hasta el infinito. Por más que huyas, los ciclos sólo se cierran en su dimensión de "ciclos", pero siempre se enlazan con otro nuevo que tiene el antecedente inmediato anterior. Sonriente puedes intentar darte cuenta de que: si quieres salir de los ciclos sólo sufrirás, porque no hay nada fuera de lo que has sido, que es lo que eres.

Hasta entonces es que descubres nuestra esencia de vampiros, cuando Nacho entra con esta cabeza en papel y la pone en tus manos. Sonriente te deleitas en imaginar las eternas posibilidades de un caracter como éste.
Y te das cuenta de cómo sólo has logrado intimar con gente de quien obtienes sentirte completamente bien, y eso incluye el hecho de que haciendol@s sentir bien te sientes completo.
Vampiro cuando lees y estás pensando en dónde vaciarás este sentir, esta estructura, tal o cual palabra.
Vampiro cuando miras con deseo a alguien al pasar, robándole el aroma cuando ya ha pasado, seguir sus pasos lo necesario para convencerte de que debes tomártelo con calma.
Vampiro cuando ves como tuya una historia en la cual fuiste apenas un participante, un escueto y marginal elemento.
Vampiro cuando despliegas el sueño y te permites sumarte al orden de otros, cuando devoras las entrañas de una historia que apenas se va escribiendo.

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