3/02/2006

calavera


Esa es mi calavera. La mera mía. Me sorprenden mis huesos largos, las cavidades oculares muy grandes para los ojos tan pequeños, me sorprende que no haya lío en cavidad nasal, ni tampoco en la parte izquierda donde me acabo de dar tremendo chilacayotazo por no cuidarme al treparme por vez primera en los zancos... me sorprende que el atontamiento que dura hasta ahora no se vea. Sin duda el cráneo es un casco hermoso y duro.
Me ha dicho la doctora Z. que el cuello hubiera podido lastimarse y al no haberlo hecho es signo de la cosa va para bien.
De pronto la noche me tomó temeroso: no dormir, no esforzar la vista, no ver televisión, moverse lo menos posible. Y saber que quizá, al dormir, no hay despertar.
Y así fue. Definitivamente algo murió. El segundo sueño (ese de me levanto a las 8 y me regreso a dormir otro ratito) no fue el de siempre. Cotidianamente aparecía la misma situación, un retorno a los mismos esquemas, un volver nuevamente a estar en la misma dinámica y ahora: una casa abandonada llena de cucarachas de la cual yo salía, la banda que me acompañaba se quedaba buscando algo, yo sentía que no debía quedarme ahí y los invitaba a salir. No, nadie me hacía caso, sólo una chica que cargaba un bebé.

Se acabo ese constante segundo sueño.
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Cuando llegué de visita a casa de Cati me dijo que dos cuates de una amiga estaría ahí: banda tijuana... cotorreamos con Omar Pimienta y Lorena, entre la noche resultó que Lorena editaba mi columna Globali Ranch en el Semanario Viernes de Rosarito... El miércoles, saliendo del banco ambos estaban en la esquina del centro de Puebla. Saludos, sonrisas, extrañezas y no, los viajes son así de extraños, viajar y viajarse todo el tiempo nos da estas aparentes coincidencias que no son más se consecuencias de andar veredas del mismo tipo, silvando canciones del mismo género en latitudes diferentes.
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