10/19/2005

Coatepec

Cuando pasé junto al lugar sentí el golpe del aroma. Me asomé y quise tomar una foto. Recordé entonces las noches cafeínicas en su casa. La manera de ponerla la canela exacta, amargo y tibio su cuerpo. Frío y pastoso por la mañana.
>>El café a veces es mágico, se convierte en un gran pretexto para no poder parar, para usar la oreja y la lengua, para unirlas sin juntarlas.<<
Entonces pedí medio kilo: mitad con azúcar y mitad puro. Receta de mi bisabuela que fue pizcadora de café, trabajó muchos años en las despulpadoras y, aún sin saber leer, fue jefa del sindicato un tiempo. Así no queda "como té calcetín", ni tampoco tan suave. >>A menudo se entienden tarde las recetas de los viejos, es hasta que estás frente a la venta de café, a muchos kilómetros de la tumba de tu viej@, que valoras, luego de tomar un incoloro café fuertísimo o un colorido café insípido aquella mezcla perfecta.<<
El lunes que llegué a casa puse café. En la noche recibí su visita, me regocijé en sus ojos, luego le permití besarme hasta cansarse. >>hube intentado robarle besos, nunca retiró sus labios, pero no correspondió a la caricia hasta que la mordí jugeteando<< El descubrimiento fue mayúsculo y divertido:
sus labios no empalagan
y sus maneras se coordinan casi a la perfección con su fisonomía.
El café de nuevo, el café siempre. La noche nos sorprendió caminando bajo iglesias mal iluminadas, borrachísimos de noltálgias y agarrados de los besos. Llegamos a casa en franca revelación. Creí por un momento que no había otra cosa que urgar en nuestros cuerpos.
Pero ella puso un poco más de café para bajar el alcohol y elevar el desvelo.
Nos divertimos un rato en la tina, el frío demencial no menguó el deseo. Sus miradas repetidas, el pelo largo sobre sus senos, su sabor particular y a la vez semejante a todas y ninguna. Eran las siete de la mañana cuando llegamos a la cama. Sonrientes como imbéciles, nos quedamos largamente con los ojos pegados al techo:

El trabajo nos esperaba a los dos en menos de una hora, la luna estaba asente esa noche, pero venían noches de luna llena. Nada por hacer más que perseguir nuevamente, un sueño, una ilusión. A mí, el despertador me puso arriba a las 8:15, tan solo como muchas mañanas, sonriente, dispuesto a compartir risas y regalar algún besico por aquí y otro por allá.

Como hay gente agradecida: gracias.

!Cómo hay gente agradecida! Gracias.

¿Cómo?, ¿hay gente agradecida? ¿Gracias?

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