9/17/2006

naturaleza muerta con niño en camion

Por lo menos a mí, me tocó una de esas infancias donde te hacías parte sustancial del trabajo de tus padres. Fuera jugando entre los muebles apilados en el taller de papá o atendiendo la tienda de mamá. Ir a comprar el mandado era quedarse un poco en "las maquinitas", cajones adaptados para jugar Atari por un peso, era jugar canicas rápido, quedarse con algo del cambio, era integrarte a la comunidad que te rodeaba.
Me gustaba esa nostalgia de esperar la hora de la comida entre los muebles, escuchando FM La Romántica, odiando a José José por asociarlo con el hambre y el aburrimiento. Me gustaba sentirme útil, me gusta sentirme excluído en algunos momentos, me gustaba, como a Pulgarcito, que me comiera el ogro (mis padres) y no los lobos... en fin.
Celebro a ese niño, me gusta que se confunda con aquello que le da de comer, pues eso somos a fin de cuentas.
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