3/02/2005

Noche en Zaragoza



Durante muchas noches, incontables, menos que mil y una, pero sí las suficientes para entrañarlas, las noche me sorprendió por Zaragoza. Acompañándome en mi falsa sensación de compañía.
Nervioso y expectante de la llegada a la sagrada cotidianidad.
Pero el azul oscuro no se mueve. Infinito.
Mas los árboles, sólidos y de sombra definida, se mueven tan lento que no marcan el paisaje.
En cambio estos inventos del hombre....
sus ruidos, sus luces, su vacuidad.
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