1/08/2006

Las manos aquí...

Ella bebía whisky, yo cerveza. Ella sonreía mirando los videos del bar, yo la miraba a ella. Bebía lentamente y servía de vez en vez más agua mineral en su vaso. Yo no paraba de pedir cervezas, yo no podía detenerme, porque no estaba hablando. Fue de esas citas incómodas, ninguno quería decir nada porque cada palabra traería a cuenta que uno de los dos había fallado en algo...
De pronto ella habló de su exnovio, el primero que tuvo al llegar a la ciudad. De sus tardes deliciosas de sexo y de esa su capacidad de sólo llevar a la cama a gente de la cual al día siguiente no tendría vínculo alguno: "sólo puedo irme a la cama si sé que no me sentiré incómoda al día siguiente", cuando le pedí definir incómoda se atrevió a decir: diferente.
Escarbando, supe que en realidad el sexo era para ella un divertimento sano, nada que pudiera conllevar sentimientos ni ideología. De hecho, cuando sentía realmente algo por alguien evitaba el sexo.
De pronto conté demasiados envases de cerveza en mi mesa, no logré precisar el número exacto (se movían tanto como la boca y las manos de mi amiga). Fui al baño a poner las manos ahí, pero nada, todo había sido absorbido por el letargo en mis sentidos. Aquella noche pude descubrir la forma lejana de querer de mi amiga; en el sabor a whisky de su saliva, en lo amargo de la cerveza en la mía, en la despedida tibia de madugada supe cuánto cariño nos tiene unidos aún. Pese a nuestras mejores intensiones...
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